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Han rescatado a 53 personas en la CDMX
Noticias del Sol de la Laguna
Hasta gritos de Viva México se escuchan cuando un sobreviviente es hallado, gritos y sonrisas que alejan el ceño de cansancio de los rostros por un minuto.
Entre nubes de polvo, piedras e incluso lluvia, se mueven por la esperanza de regresar a estas grises calles a los más. Los deseos de hallar gente con vida de entre los escombros existe en todas las colonias de esta ciudad. Aunque sea el cuerpo, la incertidumbre así acaba.
Cierto que los símbolos de edificios sin vida dentro todavía no se ven pintados en fachadas, por lo que la gente todavía ni siquiera quiere pensar que la maquinaria pesada empiece a levantar los escombros, y entre ellos los muertos.
LOGRAN RESCATE DE SOBREVIVIENTE DE LA LINDAVISTA
El júbilo, el llanto, los aplausos y las sonrisas afloran, pero es el principio porque abajo hay más esperanza. Y todos callan, señal de vida.
No hay lugar para el reposo de todos los que ayudan en la remoción de escombros, es una lucha contra el tiempo. Todavía hay ánimo: “vamos todos, sí se puede’’.
El rescate de Don Pepe es dramático. Los primeros que logran ver su rostro y parte de su cuerpo son integrantes de los topos del estado de Querétaro y bomberos de la ciudad de México. Balbucea que su hija está atrapada.
Sus piernas están atoradas, por lo que Don Pepe ve la luz con medio cuerpo bajo los escombros. Pasa una hora y logra liberarse de las piedras. Y sube entre aplausos a una ambulancia de la Cruz Roja que lo lleva a un hospital.
Habitaba en el segundo nivel, que cayó al suelo una vez que inició el movimiento telúrico.
Pero después del sorbo de esperanza que dio su rescate. La gente calla, observa.
Llegan las ambulancias de servicios periciales de la Procuraduría General de Justicia. Recogen dos cuerpos. Aún quedan seis. Las lágrimas regresan.
El delegado de Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo Román, anuncia lo temido: una vez rescatado José Luis Ponce, la maquinaria pesada, ingresará. Ni los perros especializados en la búsqueda de sobrevivientes, con su agudo oído y olfato, percibieron más vida.






















