El hábito de la lectura
“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson
Leer es dar vuelo a la imaginación, viajar sin salir de casa, es divertido e ilustrativo.
flokay33@gmail.com
“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson
Leer es dar vuelo a la imaginación, viajar sin salir de casa, es divertido e ilustrativo.
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Para David Hume, el hombre es un animal que forma hábitos y la vida transcurre entre costumbres y hábitos, la vida sin ellos, sería una pesadilla, agrega el filósofo y ensayista escocés, gran influyente en el empirismo, el escepticismo y el naturalismo que resalta la importancia de la costumbre, poniendo en relieve el papel de los hábitos en acción como la cortesía y los modales, existiendo causas internas y externas que influyen para adquirirlos.
La similitud entre la costumbre y el hábito existe no obstante las discrepancias entre una y otra por lo que vale establecer la diferencia. Las costumbres son prácticas compartidas con personas de un grupo afín o de la misma región o país con frecuencia heredadas de padres a hijos, mientras los hábitos son acciones individuales, repetitivas, que intencionalmente dan forma en el individuo. Aristóteles las llamó “segunda naturaleza” esencial para la estructura personal, por lo que se deduce que las costumbres son modos de actuar sociales como el Día de los Muertos que celebra en la isla de Janitzio del lago de Pátzcuaro, costumbre social/cultural o sea una tradición, en cambio el hábito es asunto personal que busca un fin o mejora que comienza desde la niñez, puesto que lo aprendido de niño, jamás se olvidará por el resto de la vida. Habrá infinidad de hábitos, desde los que adquiere el niño en el hogar y se refuerzan en la escuela indispensables para una vida saludable como son los de higiene, lavarse las manos, cepillarse los dientes, etc.
Siendo el humano el único animal con la cualidad y capacidad de pensar y razonar, hay hábitos ineludibles para el desarrollo intelectual, siendo la lectura el eje del progreso y el conocimiento, puerta que se abre al mundo de la ciencia, que proporciona las armas para adquirir destrezas y el arte de ejercer un oficio de excelencia o una profesión que serán el sustento de la vida familiar, asimismo proporcionará placer para regocijo de la aventura de la vida.
Los educadores saben que la lectura en el niño es base del desarrollo cognitivo, emocional y lingüístico, amplía el vocabulario, mejora la comprensión, de esta manera ayuda a expresar sus propios saberes y entender a los demás por haber sido inducido a reflexionar sobre la información recibida en las líneas de un libro. De suma importancia es el estímulo a la imaginación que lo transporta a mundos que fomentan la capacidad de inventar y explorar nuevas ideas. El infortunio es que muchos padres “utilizan” la escuela como único recurso de aprendizaje sin comprender que los pilares de la enseñanza están en el hogar, siendo el ejemplo la mejor herramienta para el crecimiento intelectual del infante. En el noviciado del bebé y del preescolar, el primer hábito proviene de lo que observan en sus padres, si los ven leyendo un libro, el niño querrá hacer lo mismo. Los años pasan, a la imitación se suma lo que en casa se le facilita para su crecimiento intelectual, empezando por seducirlos al hábito de la lectura.
En nuestro país se lee poco, predomina la página roja y la deportiva de los diarios, a pasquines de estanquillo que raramente tienen contenido de valor para el espíritu. Con frecuencia se escucha “es que no tengo tiempo para leer” ¿acaso en los países más desarrollados del mundo donde la lectura es un hábito trabajan menos y tienen más tiempo para leer?