elsoldelbajio
Análisismiércoles, 15 de abril de 2026

Procrastinación: Y resiliencia

Síguenos en:google

Si crees que procrastinar es flojera aunque a veces lo parezca, en realidad se trata de un mecanismo emocional que hace que nosotros nos creamos el cuento de la pereza, la verdad es que evitamos confrontarnos con nosotros porque nos reta y/o nos mueve el piso.

Empezar algo importante implica riesgo, el riesgo de ¿y si no sale bien? ¿y si no soy suficiente? ¿y si me descubren? comportándonos como si fuésemos un fraude internacional con oficina en la sala de la casa y nos dedicamos a postergar “elegantemente” volviéndonos  expertos en ocuparnos de todo, menos de lo esencial.

Cuanto más postergamos, más crece esa vocecita interna que nos juzga: diciéndonos  “deberías ya de haberlo hecho” el resultado es que viene la culpa y por ende ansiedad por no hacer las cosas a tiempo,  el resultado es, !más procrastinación! círculo perfecto, digno de estudio… o de terapia.

Aquí entra la resiliencia, palabra tan usada que casi parece adorno de Instagram y en realidad es profundamente incómoda, pues la resiliencia es levantarte feliz, peinada o despeinada, con o sin música de fondo; la resiliencia es levantarte con cara de “no quiero, pero voy”, con miedo pero lo hago, con duda pero avanzando.

Ser resiliente no significa no caer, significa dejar de hacer de la caída un departamento permanente. Significa aceptar que a veces procrastinamos, sí, pero eso no hace nuestra identidad y mucho menos nuestra realidad, porque una cosa es postergar y otra muy distinta es rendirse.

La resiliencia empieza en cosas pequeñas y se va formando a través de modelar el carácter, aceptando lo que puedes y debes cambiar y lo que no puedes, aceptarlo para cambiarlo sin postergar, sin dejar de hacer eso que has evitado por días, aunque no tengas ganas.

Cuando eres resiliente siempre das el primer paso, aunque no tengas claridad total del camino. Se trata de hacer y entregar el trabajo, tal vez imperfecto, pero entregarlo, porque la perfección, seamos honestos, es la excusa más elegante de la procrastinación.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias