Varias veces he escuchado que el mejor estudiante es el que saca 10 de calificación, o bien tiene un promedio de 10, e incluso debo de confesar que yo les pido a mis hijos tener excelentes calificaciones, pero será verdad esta afirmación, a lo largo de mi vida he visto que no necesariamente, cuando era estudiante de nivel básico era motivante y estimulante sacar 10, conforme fui creciendo el 10 se complicaba, y no solo eso, también dependía de varias circunstancias, del estudio, de la materia, del profesor e incluso de las condiciones familiares, nuestro sistema educativo tradicional, donde el profesor está al frente del grupo dictando no ayuda en lo absoluto, ya en la universidad honestamente no era importante el 10, era mucho más importante la habilidad, la destreza, ciertas competencias que ibas adquiriendo día a día y no necesariamente se reflejaban en un examen, cuando fui profesor me di cuenta que no necesariamente el mejor alumno era el de 10, de entrada era claro que el mejor alumno es aquel que estudia lo que le gusta, sí, lo que le gusta y no lo que le imponen sus padres, el mejor alumno es aquel que tomo de manera individual, responsable y con cierto conocimiento la decisión de por qué estudiar lo que determinó, aquel alumno que disfruta, goza y le apasiona conocer cada vez más del tema, que sabe que podrá ser el mejor, que siente esa emoción al practicarlo, al llevarlo a la acción, aquel que busca más, que no se concreta a lo que el maestro le diga, o lo que esté escrito en un libro, el que se pregunta cómo lo hacen al otro lado del mundo, el que practica y practica hasta hacerlo mejor, el que decide salir de su zona de confort, el que levanta la mano para ser el primero, al que le incomoda cuando no funciona, aquel que decide ir hacia delante a pesar de tropezarse, aquel que le provoca una emocionalidad al hablar del tema, el que sonríe todos los días, el que decide ser feliz, el que tiene claro su razón de ser en esta vida, pero sobre todo el mejor alumno es aquel que decide trascender.