“No hay nada que celebrar”, así es la vida de Max
El otro lado de la Navidad
Rosario Horta / El Sol de León
“Don Max” todos los días está en la glorieta principal de Brisas del Campestre, llueve, truene o relampaguee esperando una limosna para comer por una persona que le regale un taco.
“Así es la vida de un limosnero, no festejamos pero le tenemos que talonear para poder comer”, expresó.
“Me encierro temprano porque no tengo con quien estar ni con quién pasar este día, me compró siete pesos de tortillas y me sobra para el día siguiente, ya no como mucho”, indicó.
“Las personas normalmente hacen de 25 a 30 minutos caminando a Las Torres y yo hago 45 minutos porque no puedo pisar bien”.
Una sobrina es quien se ha comprometido a apoyarlo para que le llegue su apoyo del Gobierno Federal (Pensión para Adultos Mayores), con este dinero ya tiene asegurado su comida de la vida.
ASÍ ES VIVIR EN SOLEDAD
“Don Max” para disimular que le duele su soledad aprieta sus dientes a más no poder y se pasa la saliva disimuladamente y explica que nunca llegó o se imaginó estar en la situación que ahora vive.
Si no fuera por la persona que le prestó el departamento, viviría en los rincones de las casas quizás entre basura y cobijándose con cartones.
Otro gesto que le hace sentir triste es cuando pide limosna y la gente lo ve mal porque no tiene otro sustento. Aseguró que le da vergüenza ser limosnero pero lo hace por necesidad, porque no tiene otra manera de mantenerse.
Sin embargo, los días más felices es cuando el dueño del departamento va a checarlo, es cuando le lleva jamón, jitomates y comida.
Maximino tiene un suéter de la Virgen de Guadalupe que es su única protección de las balas pérdidas, pues otro de su mayor temor es morir a causa de la inseguridad que se vive en Brisas del Campestre.
























