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Análisismiércoles, 25 de marzo de 2026

Chéjov y la intelectualidad rusa

Mientras escribía cuentos, en las urbes se le leían con entusiasmo. Sin saber el impacto que generaban, los escritores consagrados le sugirieron pulir los escritos para evitar la vaguedad de las prisas y la improvisación.

Junto con Gógol; Chéjov es el maestro de la ironía; a diferencia del primero, no se inclina por los fantástico como en los cuentos “el Abrigo” o “la Nariz”; Chéjov arranca carcajadas de la vida ordinaria, lo intrascendente.

Las discusiones de este círculo de intelectuales versaban entre si la plebe era o no capaz de razonar, y, si las reformas políticas podían sacar a Rusia del atraso en el que vivía sumergido.

Lo curioso en el relato, y aquí se asoma la risa chejoviana, es que las personas “racionales” son consideradas locas y las “irracionales” cuerdas. Andrei Efimich era el Doctor general de un hospital con internado para enfermos mentales.

El problema del Doctor Andrei Efimich, percibido por sus colaboradores, fue relacionarse con Iván Dimítrich, un joven atormentado por la tragedia familiar y los nervios a flor de piel en su delirio de persecución.

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