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Análisislunes, 4 de noviembre de 2024

¡Todos sufren!

El cáncer infantil es un padecimiento que desgasta emocional y económicamente a todas las familias que padecen un caso.

Quienes lo viven en casa con algún hijo, sobrino o nieto saben que este mal consume las energías emocionales del núcleo familiar, y en el mejor de los casos están esperanzados a alargarles la vida unos meses o semanas.

Desde el gobierno, como política pública, esta enfermedad es considerada como uno de los males que más afectan a la población infantil entre los 3 meses de nacidos y los 13 años.

Sin embargo, no suficiente tratándose de los espacios en los que se atienden en los hospitales del sector salud público del país.

Ante este escenario la labor altruista de las organizaciones de la sociedad civil es fundamental para que los menores reciban el tratamiento que requieren, ya que los hospitales están saturados o no cuentan con los medicamentos que requieren estos males.

Los números en Sinaloa en esta materia dan un panorama negativo, pues se atienden a 600 menores con cáncer infantil, y cada año se registran hasta 60 casos.

La vida de un niño con cáncer no tiene porqué truncarse por falta de medicamento porque es responsabilidad directa de los gobiernos protegerlos.

Trabajos de alto riesgo en la narcopandemia

Ante la ola de violencia, que ha sacudido a la población del centro y sur de Sinaloa, hay muchos sectores atrapados en el fuego cruzado, y uno de ellos son los trabajadores de plataformas móviles, como Uber y Didi, por nombrar a las más conocidas.

La imagen de una joven con la leyenda en su caja de mercancía de “No me disparen, abrazos no balazos”, refleja el miedo, y de hecho, al ser entrevistados un grupo de repartidores, refieren que han armado sus protocolos para bajar ese riesgo en el que andan.

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