Análisisjueves, 2 de abril de 2020
Hambre y coronavirus
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El escenario de los próximos meses en el país es realmente incierto y poco alentador. El año pasado recurrentemente se hablaba de la llegada de una inminente crisis económica, pero no de un fenómeno que cambiará la forma de vida de la humanidad. El debate actual gira en el entorno de determinar el número de infectados y cuál será la capacidad del Estado para responder con eficacia ante la crisis sanitaria.
Sabemos que tendremos una fuerte crisis económica, pero no podemos determinar su magnitud. Somos 126 millones de mexicanos, es oportuno preguntarnos cuántos no podrán durante la pandemia tener los ingresos básicos para alimentar a su familia. Las cifras de INEGI indican que un porcentaje significativo de la población del país vive al día, de los 80 millones de mexicanos en edad productiva, sólo un 15% tiene ahorros de manera formal, 56% vive en la informalidad y que 9 millones de mexicanos viven en pobreza extrema lo que quiere decir que no tienen dinero para alimentarse de manera adecuada.
Las miradas se están focalizando al sector sanitario, se está hablando de las consecuencias financieras, pero es necesario incorporar a los efectos transversales, un tema básico como es la alimentación. Hay que planear con antelación para prevenir problemas sociales que aumenten la tensión entre ciudadanos y gobierno. Se ha dicho que el país tiene autosuficiencia alimentaria y que los saqueos realizados a la fecha a las tiendas de autoservicio no son por hambre, obedecen más a temas de delincuencia común, ya que sustraen equipos electrónicos, alcohol y tabaco. En el año 2001 Argentina tuvo una severa crisis política y financiera, se nombraron a 5 presidentes en 11 días y los ahorros de los ciudadanos fueron retenidos “corralito”, no había dinero circulando y uno de los primeros problemas fue la falta de liquidez para pagar alimentos. Inmediatamente se produjeron saqueos en los supermercados. A la par de esas reacciones violentas, muchos argentinos mostraron su sentido humano dando parte de su canasta básica a los que no tenían y el intercambio de alimentos.
Vienen tiempos económicos complicados, el Gobierno ya tiene una estrategia de contención sanitaria, pero también debe tener otra alimentaria durante la pandemia. La primera garantizar el abasto de alimentos y evitar la especulación. La segunda, pensar en la capacidad del bolsillo de los mexicanos por segmento social para determinar quiénes son autosuficientes y quiénes requerirán apoyos para cubrir necesidades alimentarias, ya sea por aumento de programas sociales o acciones emergentes de abasto. También es el momento para que los ciudadanos tengamos más conciencia social, evitando el desperdicio y la acumulación excesiva que propicie tirar alimentos por su descomposición, y cuando se pueda, compartir víveres con los que no tienen. En una crisis aguda se conocen las verdaderas personalidades y estas pueden oscilar entre la solidaridad, generosidad y misericordia, como también salir los bajos instintos como aumento de la delincuencia. Los patrones deben pensar en hacer un esfuerzo extraordinario para mantener al menos una parte del salario, para que los trabajadores puedan alimentar a su familia. Vienen tiempos complicados, actuemos con alto sentido de humanidad.