—A la luz de las declaraciones y acciones de Trump en estos primeros días, ¿qué futuro le espera al T-MEC?
—Tendremos T-MEC, sin duda. De hecho, las negociaciones de este año y el siguiente son para relanzarlo otros 16 años. Conociendo a Trump, no lo va a querer relanzar y buscará utilizarlo como mecanismo de presión para poder forzar a México a dar resultados en otros temas bilaterales. Así es que habría que acostumbrarse a la incertidumbre del relanzamiento, pero de lo que estoy seguro es que la ley comercial que prevalecerá en América del Norte será la que da sustento al T-MEC.
—¿No se corre el riesgo de que si no se aceleran los tiempos y si no se ajusta el tratado como quiere Trump, Estados Unidos se salga del acuerdo?
—Si Trump se sale del T-MEC, pierde el único mecanismo para poder presionar a México para avanzar en áreas de su interés; sería matar el único instrumento que le que le sirve para conseguir lo que quiere, como lo hizo con López Obrador cuando amenazó con aranceles si no se comprometía a frenar los flujos migratorios.
—¿Qué le parecen los nombramientos del secretario de Comercio, Howard Lutnick y del representante comercial, Jamieson Greer?
—El presidente Trump tiene un gabinete conformado por leales, que va a ser menos proclive a hacerlo repensar sus decisiones y a mostrarle una visión crítica de las consecuencias de sus acciones; eso aumenta el nivel de riesgo, sin duda.
—¿Cuál es su consejo para el equipo mexicano que enfrentará las negociaciones comerciales?
—Debemos tener una estrategia muy nítida en dos aspectos. Primero, definir nuestra relación con China; y segundo, dejar en claro que nuestra apuesta es por la integración de América del Norte. También debemos analizar escenarios, estando dispuestos a responder de acuerdo a cómo nos traten, porque agacharse tampoco es una buena recomendación. El mismo Trump dice en su libro: a quien se dobla a la primera lo apachurro; quien se defiende me siento a negociar con él.