El golpe
Ayer, 8 de julio, se cumplieron 48 años del golpe gubernamental contra Excélsior. Ese fue el acto que marcó una última ofensiva —feroz, desesperada, delirante— contra quienes Luis Echeverría pensaba sus enemigos.
Excélsior era entonces el medio más influyente, el más profesional, el más libre y, por tanto, también el más crítico del gobierno.
Excélsior era una cooperativa que había elegido a Scherer como su director en la década de los sesenta. Ahí fue el único diario que dio una cobertura fuera de la línea oficial de la masacre de Tlatelolco. También del halconazo de 1971.
Tenía razón. La libertad de expresión es para todos o no es de nadie. Si el Estado decide quién habla y quién no, la historia cotidiana deja de ser mirador y se vuelve un espejo. La crítica incomoda, pero hace reflexionar.
Por eso Oloff Palme, un estadista de talla mundial, recomendaba a los políticos no leer la síntesis —hecha a modo para agradar— sino directamente los diarios. Escuchar al adversario a veces ilumina.
—Atacar al presidente con una revista es atacar al Estado, a la seguridad nacional. La desaparición de 15 personas en nada afectaría la estabilidad del país.
Días después el secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, remachó: “Imagínate la venganza de los hijos de Echeverría contra tus hijos”.
La decisión se mantuvo. Salimos en noviembre de 1976. Con Echeverría en el poder. Dijo Ricardo Garibay:
—No sé si somos muy estúpidos o muy valientes.
¿Tenía razón Echeverría en su reproche? Quizá. Tendió puentes y ayuda en momentos críticos, y acaso eso valía la esperanza de cierta moderación, al menos con él.
¿Tenía razón en el golpe? Jamás. Nunca se degüella a un medio: se degüella un derecho de la sociedad.
Los momentos más oscuros de las naciones es cuando se apagan las luces que el poder desea extinguir.
Fue Scherer quien resumió a la perfección la presidencia de Echeverría:
—Empezó queriendo ser Lázaro Cárdenas y terminó como Miguel Alemán. Así.
@fvazquezrig











