Espejos de vida / Amiga querida
Caminamos con ella bajo su cuidado protector, y su presencia deja huellas imborrables en lo que somos.
Empatizo contigo en su vida, en su enfermedad y en su partida, porque sé que el amor hacia una madre nos une en experiencias de gozo, cuidado y, finalmente, en el difícil aprendizaje del desprendimiento.
Hoy su presencia se transforma. Vivirá en tus recuerdos, en sus enseñanzas, en tus gestos, en tu manera de amar y de cuidar. Porque una madre no se va del todo: permanece en la memoria, en la esencia y en el amor que dejó sembrado.
Amiga, no estás sola. Te abrazo con el alma. Que el consuelo llegue poco a poco, que la paz encuentre espacio en tu corazón y que los recuerdos amorosos se conviertan, con el tiempo, en una luz serena.
