Todas las cosas comienzan con un pensamiento. Cuando usted ve una gran pintura, ella comenzó en el pensamiento del pintor. Usted y yo, que no somos pintores, quizás antes sólo hubiéramos visto un pedazo de lienzo, pero el pintor vio más que eso. Él vio una pintura. Cuando alguien ve un gran hotel, quizás antes vio un terreno piedras y escombros. Pero un Arquitecto se para y ve lo que otros no ven, un gran hotel o algún otro edificio. Alguien dijo en una ocasión: “Nuestra forma de pensar genera una conducta y la conducta influenciará nuestra vida, afectándola para bien o para mal”. Actuamos lo que pensamos. Cuando la forma de pensar es de “no puedo”, “no tengo”, “no la voy a hacer”, etc. lo más seguro es que así será. Le puede dar un millón de pesos a alguien con ese tipo de pensamiento y comerá bien, vestirá bien por algún tiempo, presumirá con sus amigos, pero después será más pobre que antes del millón ¿Por qué? Por su tipo de mentalidad, porque lo importante no es lo que tengo en la mano, sino lo que tengo en la mente.
Y lamentablemente la mentalidad de muchos es hacerse rico sin hacer nada, o, “pobrecito de mí, que me den porque no puedo”. No determina lo que soy lo que tengo en la mano, sino lo que tengo en la mente. En cambio, le da alguien con una mente como la del apóstol Pablo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13), diez mil pesos y, al paso del tiempo, será rico. Entonces ¿Qué hacer? Bueno, seguir el consejo del apóstol Pablo “renovarnos en nuestra forma de pensar” (Romanos 12:2) Renovar la mente es sustituir pensamientos de fracaso por pensamientos de éxito. Pensamientos de yo no puedo por pensamientos “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Pensamientos, mentiras y engaño por pensamientos de verdad. Pensamientos de pobreza por pensamientos de prosperidad. Pensamientos de hacerse rico sin hacer nada, por pensamientos de “le voy a echar ganas”. Hay dos palabras que no existen en el vocabulario de Dios -“No tengo” –“No puedo”. No es posible pensar de una manera y hablar o actuar de otra. Eres tus pensamientos. Un Médico puede actuar como un Arquitecto, pero no lo es. Un Ingeniero puede actuar como un psicólogo, pero no lo es. Quizás hagan algo por algún tiempo y puede ser que hasta les “funcione”, pero no es permanente y, además, no lo hará como el que sí lo es. No puedes pensar en el éxito y actuar como un fracasado. No puedes pensar en prosperar y esperar sentado debajo de un árbol que caigan las manzanas. Dice la palabra de Dios en Proverbios 27:7 “Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es el” En la biblia encontramos dos historias interesantes. Una es del rey Saúl que traía ropas reales, pero su pensamiento no era de rey, por lo tanto al final se quedó sin reino y sin nada. La otra es la de David, al principio traía ropas de campesino, lo digo con respeto, pero su mente era mente de rey, y al final se quedó con el reino. No es importante lo que tienes en la mano, sino lo que tienes en la mente. Saúl traía en su mano el cetro de rey, pero no en su mente. David traía en su mano la vara de pastor, pero en su mente traía el cetro del rey, y llegó a serlo. Saúl vivía en el palacio y termino sin él. David vivía en el campo y terminó en el palacio. No es el lugar donde vives, el país, la ciudad o la colonia, lo que ayudará a vivir mejor, es lo que tienes en la mente. Puedes vivir en un país rico, de primer mundo, pero si tienes mente de pobreza, de fracaso, vas a vivir así. Puedes vivir en un país pobre, de tercer mundo, pero si tienes mente de éxito, de bienestar de prosperidad, vas a vivir así. Nos es permitido, y somos llamados a renovarnos (Romanos 12:2) tú decides que clase de mentalidad quieres tener, y como quieres vivir. Pero existe un principio inviolable para eso: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).