“Nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, si no que escuchamos para contestar.”
Anónimo
Finalmente, en la medida en que seas más capaz de preguntar, y de aceptar a los demás, tendrás la oportunidad de disfrutar más de lo que es, aunque no te guste, que de lo que supongas, aunque te agrade.
*Consultor y Asesor en Comunicación Política y Organizacional; jdelrsf@gmail.com; twiter: @jdelrsf
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“Tendemos a hacer suposiciones, sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real”. Estas son de primeras líneas del Tercer Acuerdo “No hagas suposiciones”, del libro “Los Cuatro Acuerdos”, de Miguel Ruiz.
En efecto, estamos atorados en los caminos, ya no por la cadena interminable de hoyos por doquier en las calles de Puebla. Tampoco estamos atorados por los policías muertos (los topes) que yacen acostados de forma innecesarios sobre las calles, para detener el apuro de los conductores porque se dice que es la única forma de detener a los irresponsables del volante.
Ya para qué discutir sobre eso si el asunto es cultural, es la incapacidad de encontrar otras salidas como la educación vial porque en verdad detrás de ese discurso hay la justificación del facilismo, del me importa un rábano; incluso de la falta de solidaridad humana y si le seguimos, es la justificación de las rabias que hay contra lo que sea. Pero no es de eso de lo que quiero escribir. Aunque sí tiene que ver con estas detenciones que nos hacemos. Como el caminar de los crustáceos que en su sigilo andan para todas partes sin ton ni son como esperando no ser vistos pero su propio miedo los delata.
Es ahí donde estamos atorados. En la minimización de la grandeza humana que se reduce a los sigilos pueriles y a los egoísmos para tener la razón, o del logro en función de mis intereses. Es aquí donde nos empequeñecemos; nos reducimos en los intereses propios como si nada más existiera solo mi yo. Y en tanto mi yo es lo que importa y nada más, entonces emergen las miserias.
Por eso nos atoramos en los caminos. Y en vez de hacerlos para lograr trascender preferimos la inopia producto de la pequeñez propia, no del tamaño físico sino de la mente. Y me llega como luz de luciérnaga, con su luz intermitente, el poema de Antonio Machado que dice: Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.
¿Huellas?, ¿andar?, ¿senda?, ¿camino? ¿hacer? Sí, todo ello que constituye los pasos que damos más que nada diciendo, y, pero, sin embargo, no obstante, (…) estamos atorados en los caminos porque pensamos en nosotros y nada más; en lo que pudiera ser; en lo que quiero que sea, que a veces es y muchas veces no; y más veces no que las que sí. Ahí están los supuestos. Supuestos que nos limitan porque son eso, supuestos.
Los supuestos nos llevan al enojo, a las molestias que se arrastran como serpientes pertinaces próximas a dejar su veneno sobre su presa. Así me figuro como asechan las suposiciones en las mentes que no descansan suponer. Porque al parecer suponer les hace felices. ¿Será eso? ¿Qué les hace felices suponer? ¿Sentirse atados a los inventos de instantes que llegan, de cosas que no suceden, de piezas que no son, de ocurrencias que sólo sirven para justificar no lo real haciendo una verdad empuñada sin razones?
Estamos atorados en la miasma de los pensamientos turbios que no nos permiten ser mejores porque preferimos surcar en las llamas de los infiernos y nada más porque suponemos. Porque es la forma se buscar seguridad. Hacer lo que creo y no lo que requiero. Pensar lo menos posible (digo, usar el conocimiento), para no ordeñar las neuronas que de por sí pueden estar vacías de caldo de aptitud, porque sale más barato actuar en lo irrelevante, maquinar lo menos útil, suponer.
La sociedad requiere pensamientos proactivos. Abrazos del ser interior de forma auténtica. Los individualismos no hacen otra cosa que enanizar las que pudieran ser acciones trascendentales, pero preferimos no andar, preferimos no caminar, no hacer caminos, preferimos estancarnos bajo los supuestos.
¡Cuánto daño hace suponer! Dice Ruiz: “Si los demás nos dicen algo, hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada, también las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber reemplazar la necesidad de comunicarnos. Incluso si oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que significa, y después, creemos en ellas. Hacemos todo tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar”. En esto también, como decía en el artículo anterior, nos en envuelve el miedo a ser nosotros mismos porque tenemos miedo a perder lo que somos y tenemos, de manera que preferimos no arriesgarnos para no perder, por tanto, mejor suponemos.
En los supuestos nos cargamos del fracaso que no existe o de la gloria que es una quimera. Y ahí nos quedamos atorados. Por eso de la existencia de un grupo surge otro y otro, porque suponemos que el otro no va a funcionar, no sirve; que nosotros lo vamos hacer mejor. Pero, en verdad es porque no estamos logrando lo que queremos, no lo que requerimos.
Por alguna razón este tema que parece irrelevante lo he tocado hoy. Si te abres a las posibilidades de que te puede servir, de seguro así será. Yo no sé cuánto ni cómo, ni por qué, ni para qué; pero de seguro en medio de las palabras vertidas aquí, tendrá sentido en tu vida de alguna forma. Incluso en la búsqueda de paciencia o tolerancia que quizás no las tengas. Y este texto quizás amorfo para ti, sea lo que requieres revisar y te permitió llegar hasta aquí.
Los mensajes de autoayuda para el desarrollo humano muchos lo ven como el coco, que es pérdida de tiempo, improductividad, un tiempo dedicado a lo innecesario: Esta bien, tienes razón. ¡Revísalo, revísate! Estoy seguro que algo hay aquí que requieres aprender. No lo sé.