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Análisismartes, 8 de diciembre de 2020

Sarah, un ser de luz esperado

En verdad en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios

Jesús en Juan 2, 5

Hace como 40 años vi un documental ruso acerca de cómo unos bebes de meses de nacidos nadaban en una alberca. Los entrenadores los ponían en al agua con cuidado y seguimiento profesional, parecían peces.

¡Qué maravilla verlos nadar! Estaban rebosantes, felices. Cuando los entrenadores tomaban a los bebés éstos buscaban el agua. Se sumergían y salían a flote de manera natural mucho mejor que yo. Realmente se sorprendí.

Explicaban de forma sencilla que todo obedecía a tres factores. Uno que los bebés en el vientre materno vivían en un ambiente líquido compuesto -precisamente- de líquido amniótico y la placenta.

El segundo, que esos bebés habían nacido de parto natural en agua, cuyo ambiente había sido muy similar al del vientre materno. El tercer factor lo relacionaban a una vida más estimulante con una autoestima alta.

Hablando del tema sobre lo demorado del parto de mi esposa, salieron a relucir instrumentos como los fórceps para guiar la cabeza del bebé hacia su salida cuando la mamá lo empujaba hacia afuera.

También de cómo se les suben a las mujeres empujando a la criatura hacia abajo desde afuera de la barriga, para que emigre involuntariamente, porque en ese momento incluso se puede estar entre la vida y la muerte de la criatura, incluso de la madre.

Cuando eso sucede, es una lucha entre el bebé que no quiere salir de su estado de confort y la necesidad de que vea la luz porque no queda de otra.

No se atentó contra la dignidad de la madre, menos de la bebé; ella no sintió el impacto agresivo de ver la luz con más o menos 160 mil lux en la zona de intervención a un metro de distancia de sus ojos.

Sarah nació sin ser violentada, sin trauma; fue cuando ella eligió nacer. No hubo la imposición de fecha, solo era una posibilidad; tampoco hubo un dios humano que haya determinado cómo sería todo.

Sin embargo, cuando lo decidiera, había que estar preparados llegado el momento. Tampoco se sabía su era niña o niño.

Nació en su propia casa esperándola la madre, su padre y sus hermanas. Todos viendo el milagro de la vida. La felicidad y alegría invadieron toda la casa. ¡Toda!

Ella deseó llegar y lo hizo. El agua fue su nuevo espacio; fue esperada con el más grande sentimiento que se pueda sentir entre los seres humanos: ser deseado, esperado, amado. No se le golpeó para oxigenar el cerebro, lloró por hambre.

Mi hija salió de la alberca preparada, se bañó, se acostó y Sarah empezó a comer. ¡Gracias Dios, qué bendición! ¿Le suena?

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