Conciencia y polvo cósmico
En un lapso de apenas 240 horas, muchos humanos fuimos capaces de voltear la mirada y la conciencia hacia la inmensidad que nos envuelve. Por momentos, fuimos capaces de salir del ruido caótico de esta especie que para sobrevivir necesita someter y aplastar.
Después de medio siglo, el ser humano retomó con éxito indiscutible la meta de volver a explorar el espacio exterior que nos envuelve, de mirar hacia las estrellas y de acariciar una vez más la idea de tocar la luna.
La misión Artemis II y su osada tripulación de tres hombres y una destacadísima mujer vuelven a dar motivos suficientes para replantear ese permanente cuestionamiento existencial sobre el papel de nuestra especie en el universo.
Los avances y logros alcanzados por la misión resultan extraordinarios desde todos los ángulos a considerar. La planeación de siguientes encomiendas espaciales está justificada y alienta la grandeza de que somos capaces cuando nos enfocamos en construir.
Imágenes nunca antes vistas de nuestro satélite natural, el registro de tiempos, distancias, comportamientos, observaciones y condiciones inéditas transmitidas prácticamente en vivo, nos conceden la posibilidad de creer una vez más en la capacidad humana.
Al mismo tiempo y de manera casi imperceptible, Artemis abrió la puerta para que el adormecido motor de la conciencia colectiva diera chispazos de actividad en muchos de sus integrantes.
Analogía brutal y precisa.
Lograr entender y aceptar ese escenario de supervivencia elemental implicaría en lo inmediato un acto de conciencia que no existe entre nosotros.
El ejercicio de ese estado mental que llamamos conciencia no es común entre nuestra especie, no nos gusta escucharla porque resulta brutalmente incómodo reconocer nuestras incapacidades, limitaciones y responsabilidades.
La lección es demoledora por la profundidad que significa ser corresponsables de nuestra propia existencia.
Por ello, solo resta escribir: gracias a la misión espacial Artemis II por esos instantes de lucidez y reflexión fugaz pero invaluable.

















