Conversaciones pendientes, vínculos en pausa
Elena Zárate Sánchez
En este escenario es muy común escuchar la frase: “Luego lo hablamos”, la cual aparece como una salida rápida, casi automática. A veces se dice por cansancio, otras por miedo, otras simplemente porque no sabemos cómo abordar lo que sentimos.
Se convierte en distancia, en frialdad, en respuestas cortas, en una sensación difícil de explicar, pero fácil de percibir, pues algo ya no está igual.
Porque donde pudo haber claridad, aparece la duda. Donde pudo haber cercanía, surge la distancia.
Evitamos hablar porque creemos que el conflicto es el problema, pero no hablarlo no lo elimina; lo desplaza y es justo ahí donde el vínculo empieza a debilitarse.
Las relaciones no necesitan perfección, necesitan presencia y ésta también se expresa en la disposición de hablar de lo difícil, de lo incómodo, de lo que no siempre sabemos cómo decir.

















