EN PUNTO
Por lo menos cinco autoridades locales de igual número de municipios son corresponsables del robo y posterior desmantelamiento de vehículos automotores, ligeros y pesados, en el estado de Puebla.
Lo dijo el gobernador Alejandro Armenta Mier.
Y aun cuando no acusó literalmente a los presidentes municipales de esas demarcaciones, con nombres y apellidos, no hizo falta, pues les llamó, así de claro, “autoridades locales”.
“Principalmente en Esperanza, en la zona de Ciudad Serdán, en la zona de Tecamachalco, en la zona de Palmar (de Bravo), en la zona de Quecholac”, añadió.
“Por lo tanto”, continuó, “es muy importante que en el juicio social se entienda que hay corresponsabilidad social”.
De acuerdo con el mandatario estatal, que tiene que ser el hombre mejor informado de Puebla, la población de estos municipios es engañada por esas autoridades locales para participar como cómplices en el desmantelamiento de las unidades.
A finales de noviembre en esta misma columna se informó del fenómeno que ayer reconoció abiertamente el gobernador.
Esa vez se dio a conocer que algunos de los habitantes de uno de esos cinco municipios, Palmar de Bravo en específico, almacenaban los productos robados en las carreteras para venderlos al mejor postor, de boca en boca.
El edil Juan Carlos Varillas Lima envió entonces una carta a nuestro buzón para negar el trascendido.
Ahora tendrá que mandar una también al gobernador, para que, si no es cierto como el alcalde asegura, retire lo dicho.
Lo mismo tendrán que hacer las “autoridades locales” de las otras cuatro demarcaciones.
O, si acaso, aceptarlo y culpar a un chivo expiatorio, como quien no está enterado de lo que sucede en sus presuntos dominios.
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El ayuntamiento de Puebla, a cargo de José Chedraui Budib, tendría que empezar a ser menos tolerante y flexible con el comercio informal.
Justo el fin de la temporada decembrina sirvió para comprobar que este sector de la economía es proclive a incumplir sus propios acuerdos.
Eso obligó al gobierno municipal a solicitar el apoyo de la policía estatal y la Guardia Nacional para emprender un operativo que, amablemente, pero de manera inflexible, los retirara de ahí.
Y así ocurrió.
Por supuesto, desde ayer mismo y en las semanas por venir intentarán quedarse en las calle aledañas a la 5 de Mayo.
Es natural que los informales lo intenten.
De eso viven.
Y viven muy bien, principalmente los líderes que exigen cuotas a sus cientos de representados, muy al margen de lo que cobra el ayuntamiento por los permisos.
El punto es que Chedraui Budib y su equipo vinculado directamente con garantizar el orden en la vía pública tendrían que aprovechar esta coyuntura para cancelar tooodos los permisos que se han dado en el último año.
En el corazón de la ciudad hay zonas ahora invadidas por ambulantes que en el pasado les fueron vedadas.
Solo hay que caminar un poco hacia el sur.
Ni hablar de las colonias que se alejan del centro.
En muchas de ellas no hay quien impida la expansión.
La naturaleza del comercio ambulante es invadir áreas prohibidas, hacerlas suyas y luego ir por más.
Ya que los paren.
















