EN PUNTO
Se fue, o dijo que se fue, en largas entrevistas en las que en realidad no dio argumentos de su presunta salida, y luego reapareció, de nueva cuenta sin explicaciones, para seguir opinando de la vida pública del PAN, justo como lo hizo esta semana.
La verdad es que Fraile, El Pastor, como le decían hace algunas décadas en el blanquiazul, nunca entregó esa renuncia que presumió en público y no dejó de asistir a las asambleas del partido.
Por eso es que su crítica, aunque cierta, coherente y argumentada, perdió legitimidad, y eco.
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La aprobación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN para abrirse a candidaturas ciudadanas podría no ser una mala idea.
Jorge Romero Herrera, líder del CEN, ha mostrado su cara más pragmática.
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Una sorpresa para los panistas fue ver a Eduardo Rivera Pérez en sus redes sociales convocando a los ciudadanos, a todos, a participar e involucrarse en este proceso electoral, tomándole la palabra a la dirigencia blanquiazul para apuntar a una postulación.
Rivera luce genuino en su mensaje y provoca empatía.
Pero ni así evitó generar críticas y cuestionamientos por parte de quienes saben de sus propósitos para la competencia por la presidencia municipal de Puebla.
Si alienta las candidaturas ciudadanas, reflexionaron desde el martes esos panistas, no ha de ser para la de la capital del estado, por un conflicto de intereses incluso familiar.
Este razonamiento tiene que ver con las aspiraciones de la diputada federal Liliana Ortiz Pérez, quien tiene como cónyuge, precisamente, a Eduardo Rivera.

















