La luz eterna del sol del domingo
La luz eterna del sol del domingo
La autodestrucción es consecuencia de la ruptura del equilibrio del sistema termodinámico cognitivo.
Roberto Martínez Garcilazo
La autodestrucción, ergo, es la vía sagrada de reconstitución de la correspondencia universal.
Es un sacrificio en el que la conciencia hipercrítica de la creación se inmola para permitir –para no obstaculizar- el flujo del río de los pobres de espíritu, de la plebe, del pueblo de Dios.
El hombre se da muerte con su mano para reintegrase al oscuro magma de la energía telúrica.
En la segunda mitad de la década de los años treinta del siglo pasado, el poeta Malcolm Lowry vivió en Cuernavaca, Morelos (muy cerca de esta ciudad de Puebla de los Ángeles).
En aquella ardiente localidad escribió la novela “Bajo el volcán” (narra el último día de la vida de un hombre ebrio y atormentado por la culpa) pero también escribió una serie de poemas que son microcosmos fractales de la narración.
En el Talmud se lee que el hombre debe arrepentirse de sus pecados un día antes de su muerte.
“Una vida sin examen no merece vivirse”, es frase que Platón atribuye a Sócrates y es también –evidentemente- una reformulación de la imperativa sentencia del Oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Atendiendo a los clásicos, Geoffrey Firmin, el personaje literario de Lowry, transformó el mezcal en un enteógeno y a la ebriedad –esa locura voluntaria, según Jenofonte- en una experiencia de lo sagrado.
Leamos un poema de Lowry:
Oración para borrachos
Y otro más del libro “Un trueno sobre el Popocatépetl”, publicado por ERA en el año 2000, con traducciones de Rafael Vargas, José Emilio Pacheco y Jaime García Tererés.
El idioma del dolor humano
Rilke y Yeats
Ayúdenme a escribir
Abran las puertas
Que hasta el orden conducen
Y rescaten mi alma
De esta jaula
En que mi voluntad
Brama entre rejas.
La autodestrucción es el retorno al equilibrio en el filo de la navaja. Leamos en el Talmud:
Bajo la inmaculada y eterna luz del domingo.






















