Vita Aeterna
A Jesús Bonilla Fernández
Juan Ramón Jiménez, 1881-1958, en su libro “Eternidades” (1916,17), publicó este poema:
Yo no soy yo. Soy este que a mi lado va sin yo verlo, que a veces voy a ver, y que a veces olvido. El que calla, sereno, cuando hablo, el que perdona, dulce, cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera.
Uno lee y descubre que la poesía es, a un tiempo, una forma (crátera, ánfora, vaso, copa) y una vía (camino, método, ascesis) del conocimiento de la belleza y de lo absoluto; que la poesía es atisbo de la eternidad.
En este poema sugiere Juan Ramón Jiménez que la vida verdadera no existe. Y entonces brotan las preguntas: ¿No existe ahora o no existirá nunca?
En abono de la dilucidación del asunto recuerdo dos fórmulas:
[1] La vida está en otra parte, la vie est ailleurs, de Milán Kundera: el poeta Jaromil busca el absoluto en la sociedad estalinista de la Checoslovaquia del 1948.
[2] La vraie vie est absente, nous ne sommes pas u monde del poeta Rimbaud, de la segunda mitad del siglo XIX francés.
¿Es verdad que la vida siempre está en otra parte, que la vida verdadera está ausente de nuestros días, que nunca ocurre en el presente, o, en contrario, es verdad que la vida siempre está aquí, ahora?
¿Es verdad, acaso, que sólo soy una pobre alma (pauvre ame) que en el infierno reflexiona y clama por arribar al mundo verdadero, a la vida de la gracia?
La respuesta a la cuestión definirá el itinerario existencial del que medite, porque lo pondrá de frente con el rostro de la búsqueda de la eternidad.
Sobre la poesía de Juan Ramón Jiménez, poeta predilecto de nuestros Reyes, Nervo y González Martínez, ha escrito, con fina sensibilidad, Gastón Baquero (1914-1997):
Misteriosa, evanescente, sagrada. Chispa celestial, ignición, deflagración castálida que reconcilia el barro del tremedal con el oro solar. Poesía.














