Varias veces he tenido la oportunidad de leer el Libro de Salmos; pero no había puesto atención en estos versículos del capítulo 107 que dice: “Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban”. Lo que llamó mi especial atención, fue esta última frase que nos da a entender que si en una situación de angustia, de aflicción, de tempestad, hubo un final feliz, pues Dios los guió al puerto que deseaban. Me imagino un lugar seguro, un lugar de paz, de llegar al lugar donde habrá bienestar. Pero las cosas no terminan allí, porque concluye diciendo que recibiremos de Dios lo que deseamos. Pensando en esto, viene a mi memoria Jeremías 29:11 que dice: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Ahora para que esto acontezca, para que esto suceda y se lleve a cabo, que Dios nos guíe al puerto que deseamos, para que nos lleve al fin que esperamos, debemos tomar en cuenta algunas cosas; en todo tiempo, pero especialmente en tiempos de angustia, necesitamos clamar al Señor. En el Salmo 107:28 dice: “Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones”. La palabra clamor significa: Grito desgarrador, dar voces, gritar, literalmente es el significado, y hay que hacerlo. Pero creo que más allá tiene que ver que atendamos la increíble necesidad que tenemos de que Dios nos ayude; que seamos conscientes de que estamos desesperadamente necesitados del Señor, de su favor, de su gracia y misericordia; insisto, en todo momento, pero de forma especial, en los tiempos de angustia.
Otra cosa que hay que hacer, es recordar, tener presente que no olvidemos que Él es único que nos libra de aflicción, que calma la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas; dando a entender, que es Él quien crea la tempestad. El salmista inspirado por Dios, pudo haber dicho: “Se apaciguan las ondas” pero dice “Sus ondas”. Él es quien crea la tormenta, la adversidad, el tiempo difícil. En Isaías 45:7 dice: “Que formó la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto”. Claro con propósito, pero por cuanto Él es Soberano, Todopoderoso Y Omnisciente; Él es el único que puede ayudarnos, como sucedió cuando Jesús calmó la tempestad, y se hizo grande bonanza.
Siguiendo con el pasaje, dice: “Luego se alegran, porque se apaciguaron”. De por sí, Dios espera que el cristiano esté alegre en todo, pero en forma especial en la angustia; en Filipenses 47:4 dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”. Esa palabra significa estar alegre, feliz, calmadamente, gozoso. Ahora, note que en el Señor es que debemos gozarnos; no en el problema, en la circunstancia, en la tragedia; es en el Señor, en su Palabra, sus promesas, su amor, su fidelidad; y en esa condición de clamor, confianza y alegría, ahí el Señor nos guiará al puerto que deseamos, que no será otra cosa que estar en el centro de su buena voluntad, que es agradable y perfecta, y donde ciertamente sus deseos serán los nuestros. ¡Amén!