Opinión / Diatriba contra un rey dormido
Vuestros consejeros, majestad, os dan malos consejos, y con sus lisonjas vanas taponan vuestros oídos para que, con el ruido que hacen y el meneo que llevan, no podáis escuchar la voz de los quejosos.
De los muertos se dice que no ven, ni escuchan, ni hablan. Éste es el caso de vuestra majestad, y uno le creería ya muerto si no fuese porque gente que le ha visto, y no una sino muchas veces, asegura que está vivo.
Y de este mismo autor, que escribió muchas obras de gobierno, son también estos versos que su majestad ha de leer con pareja devoción que un cartujo lee los himnos de su breviario a la hora de maitines:
Filipo, que el mundo aclama
rey del infiel tan temido,
despierta, que por dormido
nadie te teme ni te ama;
despierta, rey, que la fama
por todo el orbe pregona
que es de león tu corona
y tu dormir de lirón.
Mira que la adulación
te llama con fin siniestro
padre nuestro.

















