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Cuando se presenta una alternativa de reforma, como es el caso del Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, se espera que se corrijan errores y que se muestre una ruta más sólida para el país. La realidad es que lo que hoy se discute en materia electoral no cumple con ninguna de esas expectativas. Le llaman Plan B, pero en realidad no es una solución, es un mal plan.
Desde su origen, esta propuesta no ha respondido a una visión de Estado, sino a la necesidad de rescatar lo que no prosperó en un primer intento. Es un conjunto de medidas que no alcanzaron el consenso necesario en el Plan A, y que hoy regresan sin un replanteamiento de fondo y sin responder a la necesidad de transformar de manera integral nuestro sistema democrático.
El llamado Plan B se concentra en temas como la revocación de mandato, los presupuestos de congresos locales y ayuntamientos, y los salarios de funcionarios electorales. Podría parecer un esfuerzo por reducir excesos, sin embargo, cuando se revisa a fondo, queda claro que se trata más de un corte administrativo, no de una reforma trascendente en materia electoral.
Desde Movimiento Ciudadano hemos sido consistentes: México sí necesita una reforma electoral, pero una que esté a la altura de los retos actuales, no una propuesta carente de profundidad, ni una maniobra política disfrazada de cambio estructural. Lo que se ha presentado no responde a preguntas fundamentales sobre cómo se accede, se distribuye y se ejerce el poder en nuestro país.
Un ejemplo preocupante es el cambio en la revocación de mandato. Aunque es un mecanismo que pudiera fortalecer la participación ciudadana, la forma en que se plantea ahora genera dudas legítimas. Permitir que quienes ya están en el poder promuevan el voto a su favor rompe genera un desequilibrio evidente y deja ver la clara intención de que la presidenta aparezca en la boleta electoral en las próximas elecciones. Además, introducir este tipo de cambios en el contexto internacional actual puede generar una incertidumbre innecesaria. Eventos relevantes como la renovación del T-MEC pueden verse afectados ante la inquietud de negociar con una presidenta cuya permanencia esté condicionada.
El debate no debe centrarse en si se aprueba o no esta propuesta en sus términos actuales, sino en abrir una discusión mucho más amplia y responsable sobre el modelo electoral que México necesita. Hoy más que nunca se requiere altura de miras, disposición al diálogo y una verdadera voluntad de construir consensos que fortalezcan nuestras instituciones.
Desde Movimiento Ciudadano ya hemos presentado una propuesta de reforma electoral clara: más participación ciudadana, menos gasto innecesario, elecciones blindadas contra el crimen y mayor equidad en la representación. Esa es la discusión que el país merece, no una que se construya al vapor. México no necesita otro “mal plan”, necesita una reforma seria, responsable y con visión de futuro.