Siervos inútiles
Siervos inútiles
“Así también ustedes, cuando hayan hecho lo que se les había mandado, digan: ‘Somos siervos inútiles; sólo hicimos lo que teníamos que hacer’” (Lucas 17, 10).
Juan Jesús Priego
¡El Concilio de Éfeso sin San Agustín! ¡El de Lyon sin Santo Tomás! ¿Por qué Dios no permitió que estos dos gigantes…? Pero no, no estuvieron. Porque, aunque grandes y santos, no son ellos quienes sostienen la Iglesia.
A veces le gusta a Dios prescindir de los grandes hombres para dar a entender que aun éstos son sólo siervos suyos, es decir, sólo amigos, ayudantes y colaboradores, pero nada más. Me preguntaba alguien una vez:
-¿Y qué de malo había en que la Virgen nuestra señora tuviese a su hijo como tienen todas las mujeres a los suyos? ¿Por qué romper las reglas de la naturaleza?
Sí, somos siervos que sólo hacemos lo que tenemos que hacer, dejando el resto en las manos de Dios para que, a la caída de la tarde, por su misericordia, se digne darnos el denario prometido.













