La vida cambió para todos los culishis desde el 17 de octubre de 2019. La palabra culiacanazo se inventó y con eso una transformación en la percepción de inseguridad y violencia del Culishi. De sentirse seguros en una ciudad que presumía sentirse “cuidada”; puesto que el sinaloense salía de su Estado y podía decir que todo lo que pasaba en Sinaloa era más un derivado del imaginario colectivo nacional creado por décadas de vinculación con el crimen organizado. Comenzó la incertidumbre y el miedo real del cierre de calles, la necesidad de ver el celular antes de salir a la calle para ver las últimas noticias y de quedar varados en medio de balaceras. Hubo de verdad un cambio en la percepción de inseguridad.
Según cifras de la Encuesta Nacional sobre Seguridad Urbana (ENSU) del INEGI para diciembre de 2019 el 66.2% de los culishis aseguró sentirse inseguro en la ciudad. Esta cifra aumentó al 77.8% para marzo del 2020. Podríamos decir que este aumento se debió a los hechos acontecidos en octubre de 2019, sin embargo por más extraño que parezca esta cifra desde principios de 2020 hasta marzo del 2024 no hizo otra cosa que descender, llegando hasta el 39.30%, una cifra mucho más baja que la nacional que para ese momento era del 61%¿Por qué pasó esto?
Diferentes estudios a nivel internacional reconocen que la percepción de inseguridad está vinculada a factores que van más allá del hecho de vivir en una ciudad o Estado violento, factores sociales, socioeconómicos, culturales y psicológicos también juegan un papel importante al momento de construir una percepción (Carro et al.,2008; Keever y Castillo, 2018). En las últimas décadas el Culishi a diferencia de otras poblaciones del país por su continua exposición al crimen había aprendido a vivir con estas realidades, a sentirse más seguro aquí en tierra conocida que en tierra desconocida. Esta resiliencia y adaptación a contextos violentos junto a la validación de realidades criminales por medio de identidades culturales como “el buchón”,“la buchona” o recientemente “el alucin” con expresiones como la moda y los narcocorridos puede ser un ingrediente a la explicación de ese sentimiento de seguridad en la población.
Sin embargo, lo que comenzó en septiembre pasado y que aún no acaba viene a multiplicar y modificar por mucho la sensación de inseguridad. Al miedo a quedar entre una balacera, se sumó también el miedo de ser despojado de tu automóvil y de ser una cifra más entre los 250 desaparecidos que van desde que comenzó este conflicto. El problema con el miedo a la inseguridad y la violencia es la sensación de que en algún momento eso que alguien más vivió tú también lo vivirás. De que tú también serás robado, desaparecido o hasta asesinado. Sufres sin aún vivir nada.
La última encuesta ENSU del INEGI en su presentación de septiembre de 2024 informó que el 55.7% de los culichis se siente inseguro. Una cifra que probablemente aumente considerablemente para diciembre próximo, cuando se lance la última edición del año. Mientras tengamos el dato, la realidad que todos vivamos nos dicta que Culiacán ya no es el mismo de antes, que todos tenemos miedo porque todos podemos ser víctimas de este conflicto; que ya no es suficiente “no andar mal” para no ser uno más en alguna publicación de Facebook o de la Fiscalía. Aquel fenómeno extraño del culichi que se sentía seguro en una tierra identificada por el mundo entero como un lugar inseguro, ya se acabó. Ahora solo queda el miedo.