Ciudadano en la polis | Orfeo, el argonauta
Fabricamos con la poesía (y ya la historia relatará la hazaña o la desventura) plegarias a nuestros dioses cotidianos, a los seres que amamos. Pedimos por ellos, pedimos por nosotros, rogamos a los hados por misericordia.
Cuando es asaltado el palacio de Príamo (rey troyano, padre del héroe Héctor, que peleó con Aquiles), Hécuba, su esposa, arrastra al viejo rey hasta el hogar: “Tus armas no podrán defenderte, le dice ella; pero este altar nos protegerá a todos”.
Están hechas las oraciones. La poesía, salva. Y la historia que lo cuente.












