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Análisismiércoles, 1 de abril de 2026

Tepuche: cuando el silencio también gobierna

Que Tepuche haya sido la única sindicatura donde no se realizaron elecciones no es un dato menor. Es un síntoma. Y lo más preocupante no es solo la suspensión del proceso, sino la normalización del silencio que la rodeó.

Dos días después, la realidad irrumpió sin matices: el asesinato de Bartolo Zamudio, síndico saliente, ejecutado a plena luz del día mientras se trasladaba en un vehículo oficial. No hay forma de desligar ambos hechos sin caer en la simulación.

Tepuche no tuvo elecciones porque no había condiciones. Y no había condiciones porque el control del territorio —político, social o criminal— no lo permitió. Así de simple. Así de grave.

La pregunta de fondo es incómoda, pero inevitable: ¿quién gobierna realmente en Tepuche?

Porque cuando los candidatos se bajan sin explicar por qué, cuando no hay elecciones y cuando el representante saliente es asesinado, lo que queda no es incertidumbre, es evidencia.

Evidencia de que hay territorios donde la democracia no se suspende por decisión técnica, sino por imposición de facto.

Y eso, más que un foco rojo, es una señal de que algo mucho más profundo está fallando.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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