La memoria es el fundamento de nuestra identidad, tanto individual como colectiva. Somos lo que somos porque podemos recordar lo que hemos sido y lo que fueron quienes nos antecedieron.
Por lo tanto, nuestra cultura sinaloense tiene sus propias manifestaciones y símbolos, en los que se funden los diferentes rasgos y rostros que manifiesta el estado en su geografía, y que a fin de cuentas definen nuestra identidad.
Así como al patrimonio cultural se le divide en material e inmaterial, de la misma manera al patrimonio cultural material se le clasifica en mueble e inmueble.
El patrimonio cultural mueble es el patrimonio de una comunidad o sitio con valor excepcional y que por lo tanto debe ser conservado, protegido y resguardado.
En estos días en que tanto se habla de crecimiento y desarrollo sustentables, es muy importante poder reconocer la íntima relación que existe entre el patrimonio natural, el patrimonio cultural y el turismo.
Aunque tenemos que cuidar que este patrimonio no trascienda más allá de lo puramente cultural, y sólo se le entienda como un potente recurso económico; debemos cuidar que en su difusión y puesta en valor se garantice su conservación y sustentabilidad.
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Cuando hablamos de patrimonio cultural nos referimos a la herencia de bienes materiales e inmateriales que nuestros padres y antepasados nos han heredado a lo largo de la historia. Son todos aquellos bienes que nos ayudan a forjar una identidad como nación, que nos permiten saber quiénes somos y de dónde venimos, logrando así un mejor desarrollo como personas dentro de la sociedad.
Todas las personas formamos parte de una familia, pero somos, al mismo tiempo, integrantes de una comunidad, de una región, de un país. De la misma manera en que heredamos bienes materiales y tradiciones familiares, recibimos también el legado de la cultura que caracteriza a la sociedad donde crecemos y nos desarrollamos.
Estas expresiones distintivas que tenemos en común, como la lengua, la religión, las costumbres, los valores, la creatividad, la historia, la danza o la música, son manifestaciones culturales que permiten poder identificarnos entre nosotros y sentir que somos parte de una comunidad determinada y no de otra. Esa herencia colectiva es el Patrimonio Cultural.
Siendo así que el patrimonio cultural comprende los testimonios del pasado, los edificios y monumentos históricos y artísticos, los sitios y paisajes históricos y originales, pero también la lengua que hablamos y sus giros, la música que producimos y escuchamos, las costumbre familiares y de grupo bajo las cuales vivimos, las expresiones de las culturas populares, las tradiciones y las prácticas artesanales; pero también el acervo intelectual contenido en archivos documentales, de texto, imagen y sonido, bibliotecas, fonotecas, fototecas y filmotecas.
El patrimonio cultural inmueble vendría a ser: los monumentos arqueológicos, los monumentos históricos construidos entre 1500 y 1899, los monumentos artísticos realizados en el siglo XX y, el patrimonio denominado vernáculo, que no es otra cosa que el modo natural y tradicional en que las comunidades han producido su propio hábitat, como los autóctonos pueblos mágicos y señoriales.
En cambio, el patrimonio cultural inmaterial, también como intangible, está formado por las manifestaciones del grupo, comunidad o sociedad, como su lengua, su música, sus bailes, sus juegos, sus costumbres, sus expresiones populares y tradiciones, sus prácticas artesanales, creencias religiosas y cosmovisión.
El patrimonio arqueológico, artístico, histórico y, las expresiones intangibles, constituyen parte de la economía sustentable de un país. El turista, en estos días, al tener experiencia en viajes y sitios, busca un turismo alejado de lo trillado, lo muy conocido y tradicional, prefiriendo no sólo las opciones del turismo de playa típico. Esto representa una nueva ventaja para los sitios y países con patrimonio natural y cultural en un entorno adecuado.
La adecuada utilización del patrimonio, debe incluirse en una política de desarrollo que evite las ocurrencias y “buenas intenciones” carentes de sustento práctico, que en una errónea planificación desde la economía, privilegia la explotación turística, antes de investigar y valorar el estado de riesgo en que se encuentra el patrimonio: si el patrimonio cultural está en conflicto y debe ser protegido y resguardado, o si se encuentra regulado y su estado permite la difusión y su explotación turística.
En estos días, nos parece que los intereses de los institutos de Turismo y Cultura (patrimonio) son antagónicos. Los que más dinero tienen para promoción y difusión, quieren vender el patrimonio, antes de investigar y planificar. Es necesario trabajar juntos, acordar un equilibrio y planificar.
Estando al tanto de estos riesgos, la ONU, la UNESCO, han recomendado a las agencias y organismos que otorgan financiamiento, tanto gubernamental como privado “…ofrecer asistencia en la forma apropiada para obras de conservación, restauración y utilización ventajosa de sitios arqueológicos, históricos y de belleza natural…” a sitios patrimoniales con valor turístico.
Es preocupante el caso de sitios arqueológicos que son promocionados como patrimonio cultural visitable sin estar dotados de las condiciones de control, conservación y seguridad, que significan a corto plazo su deterioro, saqueo y destrucción, perdiéndose con su uso no solo la posibilidad futura de explotación sino también la posibilidad de desarrollar estudios serios y sistemáticos de investigación y valoración.
No exageramos al afirmar que, en algunos casos, el potencial de riqueza cultural destruida con actos irresponsables, de la mal entendida y peor administrada exploración turística, exceden en mucho a los beneficios que para la economía regional se derivan de las instalaciones y mejoras que pretenden justificarse.
En resumidas cuentas, se trata de propiciar el uso racional de los bienes culturales existentes, pues adecuadamente planificado el turismo no tiene por que ser nocivo y destructivo. Lo que en todo caso perjudica al patrimonio cultural y lo pone en riesgo, es el inadecuado manejo de los bienes patrimoniales incluidos en los circuitos y las rutas turísticas.
Para terminar, no debemos olvidar que en Sinaloa tenemos una Ley Estatal de Cultura (inacabada), que contiene un capítulo especial dedicado al Patrimonio Cultural, que declara de utilidad pública y de interés social la investigación, protección, conservación, mejoramiento e identificación del patrimonio cultural. Por lo tanto, si a esto unimos la educación y la conciencia ciudadana: investigamos, catalogamos, resguardamos y promovemos, reglamentamos y ponemos en valor nuestros bienes culturales; tendremos una condición digna, original, actual, fresca y eficaz de economía regional, sustentada en el Turismo Cultural.