La activista Heidy Mares recomienda mantener la calma, resguardarse y evitar grabar o difundir información en tiempo real durante situaciones de riesgo; estas son algunas medidas básicas de seguridad
La unidad, un Kia Forte 2020 con logotipos de prensa, fue interceptada por tres hombres armados la noche de este lunes en el norte de Culiacán. Es la tercera ocasión que el comunicador sufre un despojo en el mismo sector
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Finalmente, se deshizo el entuerto. Con una llamada telefónica, la presidenta Sheinbaum paró la bronca. Logró, al menos por un mes, que el presidente gringo, Donald Trump, desistiera de su amenaza de imponer aranceles a los productos mexicanos. Podría parecer que lo hecho por la presidenta en poco se diferencia de lo que hizo López Obrador en su oportunidad con el mismo Trump. Es decir, ambos usaron la migración como moneda de cambio para sosegar la furia de Washington. La diferencia entre uno y otra es lo que cada quien, con sus respectivos equipos, logró negociar.
Con López Obrador doblamos las manitas sin pedir mucho a cambio. Aquella vez, ni tardo ni perezoso, el gobierno obradorista, a solicitud de Trump, se apresuró a mandar miles de soldados a las calles para que la hicieran de gendarmes de migrantes. Cómo olvidar aquel “Nunca he visto a nadie doblarse así”, dicho por el propio Trump para referirse, con sorna e ironía, a la manera en que Marcelo Ebrard, en ese entonces titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se plegó a sus exigencias en nombre del gobierno mexicano. Al menos hoy se ha obtenido nuevamente el compromiso por parte de los gringos, de que harán su parte para frenar el tráfico y suministro de armas y cartuchos a los cárteles mexicanos. Ya lo han prometido varias veces y nunca han movido un solo dedo. Pero también es cierto que, a diferencia de otras épocas, hoy existe una demanda civil, promovida desde el sexenio pasado, por parte del gobierno mexicano, contra fabricantes y vendedores de armas gringos. La pregunta que queda en el aire es quién certificará que los gringos, esta vez, sí cumplan con lo que prometieron.
La manera como manejó la crisis que se le vino encima, retrata a la presidenta como alguien calculador y paciente, que supo mantener el equilibrio y no se dejó enganchar por las bravatas del vecino. Una mujer que logró pacificar al déspota de Washington sin ponerse al tú por tú, tal y como lo hizo cuando le tocó debatir con Xóchitl Gálvez en aquellos días previos a la elección de junio de 2024. Sin duda eso es una buena señal para los mercadosy para los inversionistas, que dudan si poner su dinero en México o llevárselo a otro lado.
Pero habrá que ver cuánto dura la luna de miel. Porque la calma no será eterna. La presidenta tiene un mes para hacer una transformación. Una transformación que implicaría no sólo efectuar redadas y detenciones de narcos, sino además, llevar a cabo una purga de la clase política mexicana, incluyendo gobernadores, fiscales, jueces, ministros, diputados, senadores y militares de alto rango. Auténticas joyas de un sistema político mafioso. El mes que consiguió la presidenta es sólo un respiro rodeado de incertidumbre. Un mes a prueba, en el que tendrá que demostrar a los gringos hasta dónde están dispuestos a llegar ella y su equipo.
Tras su llamada con Trump, Sheinbaum salió a decirnos con voz triunfal que se había comprometido a enviar diez mil efectivos de la Guardia Nacional a la frontera. Eso es sólo lo que nos quiso contar. Pero sería interesante saber todo lo que no nos dijo. ¿Cómo sabemos que el envío de tropas fue la única condición de Trump para no cumplir sus amenazas? ¿Será que a alguien como a Trump no se le ocurriría pedir, además de la Guardia Nacional, que la presidenta se deshaga de la basura que tiene en su país? ¿No le habrá pedido las cabezas de varios narco-políticos mexicanos? No hay que olvidar que hace menos de una semana, el propio Trump hizo una declaración brutal. Una declaración que nunca habíamos escuchado antes; enfático sentenciaba que el gobierno mexicano es aliado del narcotráfico, y que eso representa una amenaza de seguridad nacional contra Estados
Unidos. Cuando un presidente se aventura a lanzar una declaración de ese calibre, es porque tiene pruebas. Eso, además de los testimonios del propio Mayo Zambada, los cuales conforman la famosa “narco-enciclopedia”. ¿Se imagina el lector todos los corridos que el Mayo ya les habrá contado a los gringos? Pero no sólo acerca de otros narcos, sino de los mañosos de cuello blanco, los más rapaces e indolentes, los políticos mexicanos. Los gringos saben vida y obra de cada uno.
En efecto, la presidenta cuenta con menos de un mes para limpiar el cochinero que le heredó el gobierno anterior. Sería ingenuo pensar que tan poco tiempo pudiera alcanzarle para tanto. Pero podría ser el inició de una especie de “quinta transformación”, si no buscada, sí impuesta por el gobierno de Washington. Antes de febrero se avecinan semanas de una enorme presión para Sheinbaum y su equipo, el cual parece que trabaja de manera coordinada y mantiene un objetivo común. Hasta ahora la gran apuesta ha sido por Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch, el primero, titular de la Secretaría de Economía, el segundo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Y esa apuesta ha traído buenos números.
Pero a la realidad no se le puede engañar. En este sentido, es probable que Sheinbaum ya se esté dado cuenta de que su oposición no son el PRI ni el PAN, sino la cruda y llana realidad. Las cosas han llegado a tal extremo, que hoy los gringos tienen que obligarnos a limpiar nuestra propia casa. Es igualmente cierto que las reacciones que levantó Trump, tanto por parte de la comunidad mexicana en Estados Unidos, como por miembros de su Congreso y de varios gobernadores, son señales claras de que, ya en los hechos, eso de pretender acalambrar a México con el cuento de los aranceles, puede tener un costo mayor de lo que calculó el presidente gringo. Al menos hoy sabemos que mientras haya migrantes centroamericanos queriendo cruzar México, para llegar a Estados Unidos, habrá forma de negociar con el déspota Trump. Faltan cuatro años.