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Análisismartes, 28 de abril de 2026

Feminicidios, cuando la indignación no basta

El posicionamiento de la Secretaría de las Mujeres de Sinaloa no sorprende: condena, solidaridad, acompañamiento. El libreto institucional está bien ensayado. Sin embargo, el problema no es lo que se dice, sino lo que no cambia.

La titular, Ana Francis Chiquete Elizalde, habla de coordinación institucional y de acompañamiento a víctimas. Bien. Es lo mínimo. Pero el estándar no puede seguir siendo reaccionar bien después de la tragedia. El verdadero examen está en evitarla.

Y ahí es donde el Estado sigue reprobando.

Pero la credibilidad está desgastada.

En Sinaloa, hablar de violencia contra las mujeres ya no debería ser un tema de campañas o llamados culturales. Es un problema estructural, profundo, que exige decisiones incómodas, recursos reales y resultados medibles. Lo demás es narrativa.

Porque mientras las instituciones comunican, las cifras crecen.

Mientras se emiten comunicados, las familias entierran.

Mientras se promete justicia, la impunidad se normaliza.

Y en ese contraste brutal entre el discurso y la realidad, la sociedad empieza a dejar de escuchar.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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