Crónicas de Ambulancia: El milagro del valor
En la década de los sesentas el cuerpo de socorros de Cruz Roja estaba armado solo de voluntad y ganas para luchar contra las circunstancias urgentes
Jesús Verdugo / El Sol de Sinaloa
El joven voluntario no sabía poner una inyección y los vendajes eran un acertijo indescifrable. Pero así se lanzaba a los servicios que caían en su guardia de jueves por la noche.
Todo se vuelve nostálgico cuando se hace memoria y el recuerdo de aquella salida rumbo a Imala le dibuja a Tomás una sonrisa infantil al mismo tiempo que conjura el nombre de un tal Demetrio, el Demetrio.
La sorpresa fue de que en cualquier momentos el bebé nacería y rápido aseguraron a la mujer a la pesada camilla. Tomás, Demetrio y el esposo iban detrás mientras Fausto arrancó la ambulancia que se deshacía entre resoplidos y chirridos de engranes.
-Demetrio, agarra bien la puerta porque se abre... le decía Tomás a su compañero que para cuando terminó la frase ya tenía medio cuerpo fuera de la ambulancia.
Antes de que la ambulancia frenara, el joven esposo preocupado saltó en busca de su mujer. Tomás bajó para darse cuenta que la joven había rodado hacia la orilla libre de la camilla, que junto a demetrio se perdió en el fondo de la barranca.
Llegaron sanos al hospital y rápido regresaron por Demetrio, el Demetrio...
Días después Tomás fue a visitar a la joven familia que seguía en el hospital, la mujer, feliz y radiante no recordaba lo que había pasado, solo que vio al tal Demetrio salir volando con la camilla.
50 años después Tomás ríe como si fuera aún aquella noche donde las circunstancias más improbables dieron como resultado el nacimiento de una vida y una de las historias más increíbles que sus canas puedan atesorar.
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