Cronicas de Ambulancia: Perder a otro hijo
Entre la extraña normalidad del ritmo de un paramédico se pueden encontrar casos específicos donde el dolor los toma por sorpresa, sin aviso.
Jesús Verdugo /El Sol de Sinaloa
De puros choques y volcaduras nos llegaban los reportes y ahí vamos. Todo regular y normal para la fecha y la hora. Así se nos fue la noche, apurada y repetitiva. A las 3 de la madrugada nos llega otro más; choque de un auto al sur de la ciudad, seis heridos... Más de lo mismo, pensé.
Cuando bajamos el carro-camilla para entrar a urgencias veo en la entrada a una mujer desesperada llorando, pasamos junto a ella y nos grita: ¿Ese es mi hijo? ¡Él es mi hijo!.
Nosotros “seguimos de largo” (sic) y mi pregunta es cómo pudo llegar tan rápido al hospital, nuestro trayecto se hizo en menos de 15 minutos, imposible que llegara antes.
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Mi mirada se cruza con las de mis compañeros, el dolor de esa madre se puede sentir en el aire. Nos retiramos hacia la estación y todo era silencio. El alumno con la cabeza abajo me dice que prefiere regresar a sus guardias regulares, no puede con esto. Lo entiendo, pues estos golpes pueden sacudir hasta al más experimentado.
Ya no seguí el caso, quizás aquel joven sobrevivió o no, no quise saberlo. Aquella noche de brujas se convirtió en una pesadilla real para aquella madre solitaria que por las brutales casualidades pudo perder a sus dos hijos en una semana.
PROTOCOLO
En Cruz Roja hay una regla… La primera ambulancia en llegar a una escena, es la última en irse, sirve para atención inmediata de heridos múltiples.
DOLOR
"Dime que mi hijo se va salvar, por favor, dime que va estar bien…"; gritó una madre al paramédico.
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