Del Culiacanazo, hay cicatrices que no sanan
Hay un rechazo tácito de las víctimas para hablar, temor por hurgar en las heridas que no cierran y no sanan
Jazmín Ballesteros / El Sol de Sinaloa
De una pequeña oficina sale el encargado del negocio y rechaza, con modos respetuosos, dar entrevista alguna, declaración o comentarios sobre lo sucedido a los tres empleados de la carpintería, víctimas de la violencia del narco.
—Con todo respeto les decimos que no daremos más entrevistas, lejos de ayudarnos nos perjudica-, dice y vuelve sobre sus pasos.
Hay un rechazo tácito de las víctimas para hablar. Hay temor por hurgar en las heridas que no cierran, cicatrices que no sanan y obligan a callar. La constante es el silencio.
EL TIGRE DORMIDO
Estos silencios, dicen especialistas consultados, “son reflejo de los mecanismos de defensa de una sociedad que vive con el tigre dormido y que, saben, que en cualquier momento puede despertar”.
La antropóloga Stephanie Cortés Aguilar, considera que ese día la ciudadanía estuvo de acuerdo con la decisión del gobierno federal: liberar a Ovidio Guzmán, porque las víctimas conocen cómo opera el narco y el gobierno.
El hecho de que las personas no quieran compartir sus historias, quizá de terror o dolor, es una muestra de la sospecha que tiene la sociedad de que en cualquier momento puede suceder algo peor.
“La gente tiene un silencio sospechoso, en el que se muestran en calma en el ojo del huracán, es una calma sospechosa porque sabemos que algo va a pasar y esperamos un desenlace que puede ser justicia o no”.
HISTORIAS SIN FIN
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