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Localsábado, 13 de julio de 2019

La vigilia de las almas desconocidas

Cada domingo, padres con hijos desaparecidos recorren las tumbas comunes del Panteón 21 de Marzo, orando por los no identificados

Irene Medrano Villanueva

Culiacán, Sin.- Una tumba une sus almas y sus sufrimientos. No saben quién está enterrado ahí, pero con el solo hecho de visitarla, mitigan un poco su dolor de no saber nada del ser que un día se perdió y que hasta la fecha no saben dónde está.

Pese al calor infernal que se siente cerca de las 10 de la mañana, sopla un viento que hace remolino con la tierra suelta, como queriendo desenterrar a esos seres desconocidos y llevarlos con sus familiares.

DOLOROSO PEREGRINAR

Tengo amigos imaginarios, platico con ellos, es más a uno de ellos, lo adopté como mi hijo, le platico, parece que me escucha.

Julio Camacho

Explica que acude a las fosas comunes, porque así como esos seres humanos que están enterrados ahí y que su familia no sabe su destino, así puede estar su hijo enterrado y abandonado en cualquier lugar del país.

Sin ver el sepulcro donde se aposenta, porque como ella misma dice, no es dueña de una tumba, pero las hace suyas a la vez, saca su rosario y empieza a orar.

La tierra agreste, cruces desvencijadas sin nombre, solo números dan cuenta que ahí yacen dos o tres cadáveres, sin que nadie los recuerde, porque aparentemente no tienen familia… son totalmente desconocidos.

Y ahí llegan familiares también desconocidos para esos muertos que descansan en este lugar. Parecen fantasmas que se aparecen todos los domingos, días festivos.

Con la mirada ausente, hacen una parada, se detienen a orar, luego en otra y así hasta que cumplen el ritual para volver el otro domingo.

BUSCANDO A MANOELLA

Se detiene en la que sea, qué más da, suelta un rezo, se santigua y nuevamente camina lentamente, de manera salteada, llega a otra cruz que se está cayendo y otra vez el responso fúnebre.

El ritual ha sido desde hace años, después de que perdió a su hija y desde entonces, no ha dejado de ir al panteón, ni de decirle diariamente una misa a cada uno de los ahí sepultados.

Ahora la devoción de estos “fantasmas” es llegar a las fosas comunes y orar “por sus hijos y por los que están aquí y que sus familias no lo saben”.

Ellos encarnan el vivo retrato de las cientos de madres y padres que buscan afanosamente a sus hijos, porque en Sinaloa ya se está haciendo común y se ha perdido el asombro de ver y saber que Sinaloa ocupa el primer lugar de desaparecidos en el país.

Tienen la esperanza de que sus hijos, algún día regresen a casa, pero mientras eso sucede se alimentan de la oración, la esperanza y de visitar “a miles de hijos que están aquí bajo esas negras cruces”.

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