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Análisislunes, 2 de octubre de 2017

Cuando la Plata Llora

En eso, el sonido metálico de la perilla de la puerta rompió el silencio del departamento.

La mujer caminó tan aprisa como su edad se lo consentía. Desde un tiempo a la fecha el verbo correr había tenido un significado distinto. Con paso lento trató de ganar terreno, sin embargo, cuando llegó a la sala, uno de sus hijos ya se encontraba allí, aguardándola.

El hombre terminó la conversación con una respuesta tajante envuelta en un aire de molestia e inconformidad y, mientras guardaba su aparato, le preguntó: ¿Cómo has estado, mamá?

La sonrisa que antes endulzaba la cara de la madre desapareció y, los ojos que antes brillaban por la alegría siguieron emanando luz debido a las lágrimas contenidas en ellos.

¡Porque estás todo el día acostada perdiendo el tiempo!

La septuagenaria se encogió de hombros, como rindiéndose en una batalla inútil y con torpeza volvió a su cuarto, se sentó en la cama y pensó: ¡Cómo me duelen mis pies!

¡Hasta la próxima!

Escríbame a licajimenezmcc@hotmail.com y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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