Alfa y Omega / ¿El umbral del final?
En aquellos tiempos y mucho antes, persistía la idea de la existencia de una divinidad, pero cada pueblo tenía a sus propios dioses y, mientras unos adoraban a los astros y a los planetas, como el sol y la luna, otros rendían pleitesía a diferentes animales, cosas o personas, reflejando una diversidad de creencias primigenias.
Aquello era un caos en donde se permitían hasta los sacrificios humanos para satisfacer las exigencias de los dioses, según ellos, en un contexto de prácticas rituales extremas.
Pero el Dios de Abraham, el de la raza escogida, decidió enviar la luz de la verdad única que desde tiempos inmemoriales había anunciado a través de las diferentes profecías, y mandó a la tierra al embajador de su Palabra, Jesús de Nazareth, para revelar la existencia del Reino de un Solo Dios Verdadero.
Jesús vino al mundo, proclamado como hijo único de Dios, con la misión redentora de la humanidad, para salvarla del caos existencial en que se encontraba.
Vino a decirnos que existía un solo Dios del Universo, un Dios que ama a sus hijos, a quienes les tenía preparado un Reino de Paz Eterna, donde impera el amor espiritual y la felicidad verdadera.
Ahora bien, ¿cambió en algo a la humanidad el Sacrificio de Jesús?
Cierto que ya no se adoran fetiches, ni tótems, ni bestias; hoy las religiones todas llegan hasta el Dios Padre a través de su Hijo Unico, aunque con nombres diferentes, pero, ¿la humanidad ha cambiado?
La respuesta es: No.
Hoy más que antes el cáncer de la corrupción social campea en todos los pueblos del mundo.
Las ambiciones por el poder y el dinero han penetrado en lo más hondo de las conciencias y, mientras la modernidad avanza asociada con el desarrollo tecnológico, más se acusa un retroceso en los valores morales y espirituales que se están quedando olvidados al paso de la vida.
Las guerras, la criminalidad, la pérdida de humanismo, los asesinatos y la falta de respeto a los demás se han apoderado de la voluntad humana, que ha olvidado el Sacrificio de Jesús.
¿Será que el signo de los tiempos trata de decirnos que, lejos de haber mejorado como humanidad, a dos mil años de distancia de las señales divinas enviadas por Dios con su Hijo Unico, hoy estamos peor que antes, en el umbral del final?
Quién sabe, pero ojalá y estemos aún a tiempo de tomar el camino correcto, a lo que Jesús quería para todos, antes de que Dios se canse de ver tanta maldad humana.
P.D.- Está bien que la gente tome la Semana Santa para disfrutar un descanso vacacional, pero ojalá y fuera con el recato y la medida correcta, sin olvidar la misión por la que Jesús vino al mundo.
















