Café Cultura / Día Mundial de los Humedales
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónDesde la Convención Ramsar, celebrada en 1971, el Día Mundial de los Humedales se ha conmemorado cada año en el mundo el 2 de febrero. Usted recordará que en 2007 este acontecimiento sirvió de marco a los grupos ecologistas en su propósito de realizar un apagón de cinco minutos en algunos monumentos emblemáticos, como la Torre Eiffel y la Puerta de Alcalá, entre otros, antes de que ese día se difundiera en París el informe de la Comisión de la ONU —reunida en esa ciudad— en relación con el cambio climático.
Y sirve de marco el día no sólo para seguir haciendo un serio llamado a la conciencia, sino para festejar cada año los esfuerzos realizados en muchos países en defensa de los humedales del planeta, que se encuentran amenazados. Uno de los logros más significativos desde que se firmara el llamado Convenio Ramsar ha sido el inventario de humedales en el mundo, compuesto por 1,579 zonas en 150 países, con una superficie de 133,918,140 hectáreas.
En su primer día de gobierno, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país se retiraba del Tratado de París. Esto lo digo esencialmente porque el patrimonio cultural de los humedales es resultado de su primigenia asociación con las personas. Aun con los avances tecnológicos y la capacidad del hombre de vencer retos, el desarrollo de toda cultura ha ido siempre unido al elemento agua, como centro vital con todas sus significaciones.
Si de origen ha sido destructivo el hombre, hoy su esencia biológica le urge a cuidar los elementos para sobrevivir. El aire, el agua y el suelo hacen posible nuestra cotidianidad: el frío, el calor, la lluvia, la bruma, la humedad, el viento… Es triste que hoy todavía no hayamos establecido como prioridad el cuidado ambiental, quizá porque no hemos medido nuestra incapacidad reparadora.
Es tan inquietante esta realidad que hoy, en muchos países, se han constituido organismos importantes encargados de señalar el rumbo y de vigilar el cuidado y la explotación del medio, porque no existen en ninguna parte biósferas o ecosistemas de repuesto.
Dice Eduardo Galeano, al abordar este tema, que aquel clamor universal de que “somos todos responsables” nos absuelve. La generalización absuelve —dice—: si somos todos responsables, nadie lo es. Y habla también Galeano del “lenguaje de las exhortaciones” usado por los expertos, que se ocupan de envolver el tema en la ambigüedad…
Pero hay que subrayar hoy que la aparición de la Ecología como esencia de la relación entre lo vivo y el medio ha permitido el rescate de temas que permanecían invernando en la Teología natural, en la que ya habían sido tratados a fondo la unidad, la analogía, la finalidad y la belleza de la Naturaleza.
Esta nueva ciencia no habla hoy del agua en general, sino de las aguas: los mares, las lagunas, los estanques, los ríos, los arroyos. No habla hoy de los gases en general, sino de la atmósfera. Tampoco habla hoy de las tierras y minerales en general, sino del suelo. Sí: hoy tenemos que hablar de nuestros espacios vitales, de nuestros entornos, de nuestros ecosistemas como un conjunto estable de un medio natural con valor incalculable.
Y hoy hablamos en Tampico de cuidar el Parque de la Ciudad. No olvidemos que en el desarrollo de las ciudades un parque es políticamente importante y que son lugares donde florecen las manifestaciones culturales e históricas. Los parques reflejan la situación de una ciudad. No olvidemos que, así como un árbol, una flor o un pájaro tienen características individuales, también algunos gobernantes tienen maneras diferentes de asumir problemas iguales. Esta no es una noticia, sino tan sólo un principio universal que habla de rasgos culturales diferentes en las personas, de éticas particulares y de esquemas de valores grupales.
Es urgente que todos los ciudadanos del mundo cuidemos, en nuestras ciudades y regiones, las áreas naturales. No dejemos que el precioso tiempo siga escapando frente a nuestros ojos, mientras los trogloditas deciden el desmoronamiento del planeta.
Desde el Convenio Ramsar, los grupos ecologistas han celebrado cada año, el 2 de febrero, los logros alcanzados en muchos países. Nosotros, de inicio, estamos obligados a cuidar las aguas y a defender el suelo mismo bajo nuestros pies.
amparog.berumen07@gmail.com