Alga y Omega / La liebre volvió a perder
Entonces, el duende del bosque llamó al reloj del tiempo y, con un conjuro cabalístico y un ademán abriendo y cerrando los puños, envió a la liebre varios días antes de la fecha en que se celebraría la famosa carrera contra la tortuga.
Ya con el tiempo a su favor, la liebre aprovechó un descuido de la tortuga y le rompió sus zapatillas, le colocó encima del caparazón un gran trozo de hierro y, en el punto de partida, desató los cordones del inicio para que se cayera.
Preguntó entonces a todos los habitantes del bosque por su rival la tortuga, pero ni las aves, ni los grandes depredadores pudieron darle razón de esta y le decían: “¿La tortuga? ¿Quién es? ¡No la conocemos!”.
Triste, pidió al duende que arreglara las cosas como estaban antes, pero este le dijo que no se podía, porque manipular el tiempo no te hace dueño del destino, sino huérfano de tus propias experiencias.
















