Una de las grandes historias de amor y deseo es sin duda la de Helena, aquí te cuento sucintamente su vida.
Helena y Menelao finalmente encuentran vientos favorables y regresan a Esparta. Se reencuentran con su hija Hermione quien se casa con Orestes, el hijo de Agamenón.
Helena fue adorada como divina en ciertos lugares griegos. Los eruditos coinciden en que debe haber sido primero una diosa y luego una figura humana semidivina
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Hace unos días viajé a Turquía. Tuve la fortuna de contar con una guía (Aysé Sezer) que, además de dominar varios idiomas, fue muy generosa al compartir sus conocimientos sobre la historia y cultura de ese país. Su formación literaria, especializada en literatura italiana y su vasto conocimiento, me dejaron, como suele suceder, más dudas que certezas. Visitamos Capadocia, Esmirna, Éfeso y la mítica Troya. Habló de Helena y la Ilíada atribuida al aedo Homero, cuyo lugar de nacimiento es reclamado por varios lugares, entre ellos Esmirna, Rodas, Atenas, Argos.
Helena era pretendida por muchos personajes famosos, pero tuvo a bien casarse con el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta. Como parte del acuerdo de matrimonio Tíndareo sacrificó un caballo y obligó a que todos los líderes griegos juraran reconocer a Helena como legítima esposa de Menelao. Tal juramento tendría graves consecuencias cuando llegara el momento de la guerra.
Helena era considerada la más bella de todas las mujeres mortales. El historiador Hesíodo, en “Los trabajos y los días”, la describe como “Helena rubia”, Homero, como “La de la hermosa cabellera”, “la de brazos blancos” y “Helena, reina entre las mujeres”. Teseo, legendario héroe ateniense, capturó a Helena cuando era una niña y se la dio a su madre para que la cuidara hasta la edad adulta. La niña fue rescatada por sus hermanos gemelos, los Dioscuros (Cástor y Pólux). Teseo se vio obligado a huir a la isla egea de Skyros.
Para los griegos, los orígenes de la Guerra de Troya se remontan a un evento en particular: la boda de Peleo y Tetis. Durante la ceremonia, Eris, la diosa de la lucha, ofreció una manzana de oro a la más hermosa de las diosas de Olimpia. Zeus le pide a Paris que funja como juez y decida entre Atenea, Afrodita o Hera. Paris recibió incentivos de las tres: Atenea le prometió fuerza, belleza e invisibilidad en la batalla; Afrodita le ofreció la mujer más hermosa del mundo: Helena, y Hera ofreció las regiones de Asia e inmensas riquezas. Paris eligió a Afrodita y pudo reclamar su premio cuando en una misión diplomática representó a los troyanos y se convirtió en huésped en la casa de Menelao. La pareja se enamoró y se fugó a Troya (también conocida como Ilión), de tal suerte que Helena de Esparta ahora se convirtió en Helena de Troya. De camino a casa, Paris se detuvo en Sidón, en Fenicia y robó un tesoro que se llevó a Troya.
La versión más popular de la guerra de Troya es la atribuida a Homero en su “Ilíada”, poema épico escrito durante el siglo VIII a. de C., basada en leyendas orales más antiguas. Los griegos imaginaron que esta guerra ocurrió en algún momento del siglo XIII a. de C., época conocida como la Edad de Bronce del Egeo. Es posible que haya ocurrido un conflicto entre micénicos e hititas y la mayoría de los arqueólogos afirman que esa gran ciudad con impresionantes murallas defensivas está ubicada en Turquía. La ciudad tiene muchas capas de historia y lo que los arqueólogos llaman Troya VI (circa 1750-1300 a. de C.) correspondería con la Troya de Homero y Helena. Una guerra por el comercio, los recursos y las colonias serían la causa más probable
Según la historia épica, la guerra duró diez años y tuvo lugar en Troya, en Anatolia. Troya contaba con murallas enormes, por lo que más que una guerra fue principalmente un asedio con algunos descansos para una guerra abierta en las llanuras fuera de la ciudad. Príamo, rey de Troya, y su hijo Héctor tratan con respeto a Helena a lo largo del conflicto. Héctor considera culpable de la guerra a Paris. En ese periodo, la pareja procrea a tres hijos: Bunomus, Aganus e Idaeus, y a una hija: Helena. Los tres varones morirán cuando un techo se derrumbe en el caos final de la guerra.
La Ilíada posee episodios memorables, uno de ellos ocurre cuando Menelao lucha contra Paris, el vencedor se quedará con Helena. Menelao vence al príncipe troyano, pero Afrodita lo salva y lo aleja del campo de batalla a la seguridad de sus aposentos. Los griegos finalmente ganan el conflicto a través de la artimaña del Caballo de Troya, un enorme ídolo de madera dentro del cual estaban escondidos guerreros griegos, los cuales ingresan a la ciudad y abren las puertas para que el resto del ejército los siga. Todos los troyanos fueron masacrados o esclavizados. Paris es asesinado por una flecha disparada por Filoctetes, al tiempo que Menelao se reencuentra con Helena.
Según algunas versiones de la historia, el rey espartano saca su espada con la intención de derribar a Helena antes de ver sus pechos desnudos y luego de repensarlo, darle un abrazo. En una obra griega, Menelao es tratado como como un tipo bastante tonto al que en ese momento sólo le preocupa que se esposa no haya engordado durante el largo asedio.
Luego de terminada la guerra, Menelao y Helena regresan a Grecia, deteniéndose en varios lugares a lo largo del camino. Esos acontecimientos son narrados por Homero en la “Odisea”. La pareja sufre un primer revés cuando la embarcación se estrella contra las rocas de Creta en medio de una tormenta. Después, la pareja llega a Egipto en donde pasarán varios años, pues no encuentran vientos favorables para regresar a casa. Entre tanto, Menelao realiza varios viajes a Chipre y a Sidón en Fenicia, famosa ciudad por la fabricación de finos textiles y platería. Luego viaja a Libia y a Etiopía. Homero coloca a Menelao en un encuentro con Proteo en Egipto quien, según Homero, aquí no es un gobernante sino el dios del mar. Esos desvíos por el Mediterráneo bien pueden corresponder a una explicación mitológica del comercio de la Edad de Bronce entre la Grecia micénica, Fenicia y Egipto.
Con todo, Helena fue adorada como divina en ciertos lugares griegos. Los eruditos coinciden en que debe haber sido primero una diosa y luego una figura humana semidivina. Rodas y Ática tenían cultos a Helena; sin embargo, fue en Esparta donde alcanzó mayor popularidad como figura religiosa, vista como una transición de adolescente a novia. También representó a la mujer adulta casada y como la figura de una hermana. En Rodas se la asoció con la fertilidad, los árboles y la vegetación, mientras que en Esparta representó los aspectos del deseo erótico y la belleza, de manera similar a lo que significó Afrodita.
En el ámbito literario, Helena y la guerra de Troya fueron temas muy populares además del trabajo de Homero: aparece en “Agamenón” de Esquilo y en la “Eneida” de Virgilio; en “Mujer troyana” de Eurípides, participa en un juicio contra las mujeres capturadas de Troya y defiende su comportamiento. La principal defensa de Helena contra el adulterio es que se había convertido en un juguete de los dioses y, por tanto, no podía evitar su destino. Durante los siglos posteriores, especialmente durante el Renacimiento, resurge en una muy diversa gama de géneros, desde las pinturas de Tintoretto, hasta la poesía de Marlowe.
Helena era pretendida por muchos personajes famosos, pero tuvo a bien casarse con el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta. Como parte del acuerdo de matrimonio Tíndareo sacrificó un caballo y obligó a que todos los líderes griegos juraran reconocer a Helena como legítima esposa de Menelao. Tal juramento tendría graves consecuencias cuando llegara el momento de la guerra