A primera vista, les parece una isla desolada, ya que el único signo visible de vida es una columna de humo que se eleva desde algún lugar profundo del bosque. Naturalmente, Odiseo envía a sus hombres a investigar y pone a su cuñado Euríloco a cargo de la exploración.
Odiseo los acepta y, como resultado, sus hombres permanecen en Aeaea durante casi un año, después de lo cual Odiseo se inquieta por volver a Ítaca y ver una vez más a su esposa mortal, Penélope”.
Tiempo atrás, antes de que se enamorara de Odiseo, Circe se sintió atraída por otros dos hombres, el primero un mortal y el segundo, un dios.
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Poderosa hechicera, conocedora de las hierbas y pociones, capaz de convertir a los seres humanos en animales, ella es Circe, hija del dios Titán del sol, Helios y Perse, una de las tres mil hijas de otro dios Titán, Océano. Los dioses la desterraron a una isla desierta, en donde desarrolló sus habilidades de hechicería en completa soledad. En algún momento obtiene un telar con el que teje preciosas vestiduras, por eso es que aparece así en muchas obras de arte. Circe se vuelve experta en transformar seres en bestias y vive en su solitario palacio. Eventualmente, también aprende a ordenarle a la naturaleza que cubra los cielos.
Justamente, cuando los marineros de Odiseo llegaron a su lugar de residencia, la apartada isla de Aeaea, Circe los convirtió en animales. Odiseo logró engañarla con la ayuda de Hermes y, en lugar de convertirse en un animal, se hizo su amante durante un año. De ese encuentro amoroso tuvieron tres hijos, uno de ellos, llamado Telégono, el que por accidente mató a Odiseo.
Como se sabe, la mitología griega contiene ramificaciones que a veces se antojan interminables. En este caso, Circe tenía como hermana a Pasifae, quien supuestamente encantó tanto a Minos como a Procris. Su sobrina más notoria era Medea, hija de su hermano Eetes, el guardián del Vellocino de Oro. Su otro hermano fue Perses, asesinado por Medea después de haber depuesto a su padre Eetes del trono de Cólquida.
La historia más conocida de Circe es la que se encuentra en la “Odisea”, atribuida a Homero: “Descorazonado y desanimado por su terrible encuentro con los lestrigones devoradores de hombres, después de lo cual sólo le quedó uno de sus doce barcos, Odiseo y sus hombres sobrevivientes desembarcan en Aeaea, la isla de Circe.
Después de un tiempo, los hombres llegan a la casa de Circe y se sorprenden al encontrar muchas bestias temibles, en su mayoría leones y lobos, encorvados y actuando tan domesticados como las mascotas más dóciles que se puedan imaginar. Desde adentro, escuchan la voz de una mujer: es Circe cantando melodiosamente.
Euríloco sospecha peligro, por lo que elige quedarse afuera mientras Circe sale de su casa y da la bienvenida al resto del grupo de exploración. Los hombres de Odiseo son obsequiados con un vino de fino sabor que beben en un segundo con el mayor placer. Sin embargo, una vez que hacen eso, Circe hace un movimiento rápido con su varita y, de repente, todos los hombres de Odiseo se transforman en cerdos. Todavía tienen sus cerebros humanos, por lo que comienzan a gruñir y llorar cuando Circe los mete en su pocilga.
Euríloco vuelve corriendo con Odiseo y le cuenta toda la historia, y Odiseo decide enfrentarse a Circe. Afortunadamente, de camino a casa de Circe, se encuentra con Hermes (es el mensajero, de las fronteras y los viajeros que las cruzan y el guía) quien le da una planta mágica de raíces negras y flores blancas llamada molibdeno que, según dice el mensajero divino, hará que Odiseo sea inmune a los hechizos de Circe.
Como indica Hermes, el vino de Circe no tienen ningún efecto sobre el astuto héroe griego y así, después de que la hechicera saca su varita, Odiseo responde sacando su espada. Hace jurar a Circe que no le hará daño y la obliga a restaurar la forma original de todos sus marineros. Circe hace precisamente eso y, además, sorprendida por su valentía, ofrece a Odiseo su amor sincero y su devoción incondicional.
De acuerdo con las genealogías de Hesíodo, se dice que Odiseo volvió a Aeaea una o dos veces más o que, en todo caso, permaneció ahí un poco más de un año. Siguiendo a Esíodo, Circe le dio nada menos que tres hijos: Agrio, Latino y Telégono. El último y más joven de los tres terminó matando a Odiseo por error, utilizando una lanza envenenada que le dio su madre.
Alrededor de Circe se encuentran asociados otros mitos. Uno de ellos tiene que ver con la historia de Jasón y Medea, en la ya conocida aventura de los argonautas. Según Apolonio, después de que Jasón y Medea mataron a traición y brutalmente al príncipe de Colquia Apsirto, es Circe quien los purifica del pecado, aunque también los ahuyenta de su isla una vez que se entera de la gravedad total de su transgresión.
El mortal se llamaba Picus, quien era demasiado fiel a su esposa Canens, por su propio bien: después de rechazar en varias ocasiones a Circe, Picus se convirtió en un pájaro carpintero. Incapaz de luchar contra el insoportable dolor, seis días después, Canens se arrojó al río Tíber.
La otra historia cuenta que, cuando Escila era una hermosa ninfa, el dios marino Glauco se enamoró de ella, pero Escila huyó hacia la tierra en donde no podía alcanzarla. Desesperado, Glacuo, viajó a la isla de Circe para que le preparase una poción de amor y así derretir el corazón de la joven. Curiosamente, resulta que Circe estaba secretamente enamorada de Glauco, por eso trató de disuadirlo y le recomendó que dedicara su amor a alguien más digno de él; también lo cortejaba con dulces palabras y miradas, pero el dios sólo tenía puesto su corazón en la bella Escila. Esto desató la envidia de Circe, así que fingió ayudar al dios entregándole un frasco con una mezcla de diversas hierbas muy potentes y con la recomendación de que lo vertiese en la poza donde Escila solía bañarse.
Glauco siguió las instrucciones y vertió la poción. Contra lo esperado, cuando la ninfa entró en el agua se transformó en un horrible monstruo de seis cabezas. Glauco, que vigilaba la estremecedora escena desde la lejanía, perdió totalmente sus intenciones y se alejó llorando amargamente.
El vino de Circe no tienen ningún efecto sobre el astuto héroe griego y así, después de que la hechicera saca su varita, Odiseo responde sacando su espada. Hace jurar a Circe que no le hará daño y la obliga a restaurar la forma original de todos sus marineros. Circe hace precisamente eso y, además, sorprendida por su valentía, ofrece a Odiseo su amor sincero y su devoción incondicional.