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Análisissábado, 4 de enero de 2020

Quiero desaparecer

Durante muchos años he tenido la oportunidad de tratar con personas con severos problemas emocionales.

La filosofía me ha dado la oportunidad de ofrecer opciones y herramientas para buscar facilitar la existencia humana.

Una gran parte de las personas que actualmente buscan mis servicios son jóvenes. Personas que aparentemente pudiéramos pensar que no carecen de nada e incluso aquellos que como yo pasamos ya del medio siglo pudiéramos hasta envidiar.

¿Cuáles son las causas más frecuentes?

No tengo ganas de hacer nada.

Prefiero quedarme acostado.

De pronto y sin motivo alguno tengo muchas ganas de llorar.

Tengo mucho miedo, pero no sé de qué.

No me gusta la carrera que estoy estudiando, pero no tengo opción.

Me desespera no tener éxito, necesito triunfar en algo.

Me comparo con otros que tienen lo que yo no tengo.

No me gusta como me veo.

Me siento defectuoso.

No sirvo para nada.

No pude estudiar en la escuela que quería.

Me hacen bullying.

Me estresa mi familia.

Quiero desaparecer.

Estas respuestas son sólo algunas, de hecho las más frecuentes.

¿Pudiéramos imaginar que algún día ocurriría?

¿Que el proceso de evolución llevaría a las generaciones a quedarse sin sentido?

Estamos siendo víctimas de nuestra creación. Un sistema enfermo, voraz, organizado únicamente con una visión de consumo está acabando lentamente pero sin descanso con el grupo más poderoso de pobladores de la tierra, de hecho sus creadores.

Nos hemos ido poco a poco acostumbrando a depender de la tecnología, del sistema, de las cosas y hemos olvidado el poder de la amistad, del amor, de la lealtad y de la unión, nunca hemos estado tan comunicados y tan separados a la vez.

El día de hoy hemos llegado al punto de considerar que el tiempo que pasamos en las redes es “tiempo vida” y que estamos conviviendo con muchísima gente, estableciendo relaciones y formando parte de una gran comunidad.

Pero todo viene en el paquete.

La información nos manipula mucho más que lo que nosotros hacemos a ella.

Cada día nuestra vida está más afuera y lejos, nos hemos separado del interior, del contacto piel a piel, de la charla en donde puedes percibir a corta distancia la vida que se encuentra interactuando contigo.

Estamos entrenando a cada generación para la desventura, solo que en este tiempo parece ser que ya ni siquiera sabemos cómo.

Debemos parar, detener la maquinaria, impedir que nuestro mundo termine siendo una masa de suicidas caminando decididos al final.

Parece una exageración, pero hablamos de un suicidio cada cuarenta segundos.

El contacto personal, abrazar a nuestros hijos, volver a los juegos en el exterior, enseñar el respeto, la compasión, la tolerancia y el perdón, pudieran ser herramientas poderosas para volver a los nuestros a la vida.

Todo lo que sabemos es una enseñanza, que es posible revertir.

Nos enseñaron a comer, vestir, amar, reír y llorar.

Aprendimos todo de alguien, así que también aprendimos a destruir nuestra vida.

No podemos quedarnos cruzados de brazos, viendo cómo impunemente el monstruo que inventamos acaba con nuestra especie.

La juventud está pidiendo auxilio.

Volvamos por el camino, antes que no quede uno que recuerde cómo .

e-mail: hey@gryita.com

facebook: Gryita Fuerte

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