A 61 años del huracán “Hilda”
Profundo e indeleble es el recuerdo del huracán Hilda en esta región huasteca del país
Antonio Sosa
NACIDO DE UN RELATO
“Comenzamos la recopilación en mayo para concluir en diciembre de 2015”, dijo el creativo nacido en Ciudad Valles, con orígenes en Xilitla, pero con residencia actual en Tampico.
“Así le llaman los Cuaxtecas a este lugar de la provincia de Panotlan o Pánuco, Tampico, que quiere decir en idioma de los naturales Lugar de perros de agua”, escribió Fray Andrés de Olmos en 1559.
Con la colaboración del Gobierno de Tamaulipas, Conaculta, ITCA, Cineteca Nacional, se retoma la historia del ciclón “Hilda”, no se centra en Tampico que acaparó los titulares, sino que se extendió a la mayoría de los 500 kilómetros de la ribera del Pánuco.
DE VIVA VOZ
La tarea fue recopilar voces que tuvieron presencia o documentos del hecho presentándose las experiencias de Luis García García, Clara García Rivera, Rosa Guerrero Chirinos, Amelia Casados Hernández, Fernando Alonso y el cronista Marco Antonio Flores.
Su expresión alberga la tristeza al evocar esa fecha de hace más de seis décadas, coincidiendo en que el azote del “Hilda” y la inundación subsecuente ha sido la peor de la que se tengan registro en la historia de la región.
Se tenía la experiencia del ciclón de 1933 -cuando los ciclones no tenían nombre- pero 22 años después el noreste de México fue sacudido por tres huracanes, llovió más de un mes lo que hizo que los ríos estuvieran rebasados en su capacidad.
Los locales eran escépticos de los pocos avisos que recibían sobre la furia de la tempestad que se aproximaba, por lo que se negaron a salirse de sus casas, comenzando a sellar puertas y ventanas con madera y láminas.
Pero cuerdas, clavos y tornillos no fueron suficientes para mantener en pie las viviendas que una a una sucumbían ante la fuerza del meteoro, mientras que el agua subía hasta dejar bajo el agua más del 70% de la región.
A las 10 de la noche del 19 de septiembre lo que se veía como una gran fantasía era una terrible realidad, comenzando la evacuación de zonas bajas y los más acaudalados a hospedarse en hoteles del puerto.
El viento fue poderoso devastando todo a su paso, mientras que bajo el agua quedaron unas 3 mil víctimas mortales en el sur de Tamaulipas y 12 mil en toda la Huasteca.
El río arrastraba desde árboles hasta casas y muertos, los cuales pasada la emergencia eran amontonados en la zona de La Barra de Ciudad Madero e incinerados mientras que en la zona del muelle un barco encallaba.
En helicópteros tipo banana, que se usaron en la guerra contra Corea, sobrevolaban las zonas afectadas salvando a gente que por días estuvieron en árboles, techos de casas y pequeños islotes.
Los llamaron “Ángeles” que en los pájaros de acero llevaron latas, agua, comida suficiente y esperanza a quienes creían que morirían en zonas de Tamazunchale, San Vicente Tancuayalab, Ciudad Valles, Estación Manuel, Tópila, Pueblo Viejo y Ozuluama.
MATERIAL RESTAURADO
Este documental ganó la beca del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) financiada por Conaculta y convocada por el ITCA, siendo el último trabajo en ganarla ya que no se ha vuelto a realizar.
"El trabajo más extenuante fue la restauración fílmica de más de 40 minutos del filme original de ocho, dieciséis y treinta y cinco milímetros que fue recopilada en distintos puntos de la región”, dijo el creador a El Sol de Tampico.
La familia del senador Manuel Guzmán Willis, Francisco Azcárraga, Francisco Vargas Covarrubias, la Cruz Roja Internacional y de la Base Aérea de Estados Unidos de Harlinger aportaron material para este documental, alguno inédito.
“Memoria Líquida, cuando los ríos crecen” conjunta las historias de los huastecos que pueden hablar con certeza del huracán “Hilda”, los que captaron en sus recuerdos las imágenes de destrucción que se niegan a ahogarse.
El temor de una nueva devastación como la aquí documentada se cierne en los sobrevivientes, a quienes les asalta el temor de volverse a ver en el ojo de un nuevo huracán.
Testimonios Vivos del Ciclón Hilda
Caos y Destrucción Provocó el Ciclón “Hilda”
Gustavo García
PáNUCO, Ver., Septiembre 15.- Con una gran tristeza recuerda don Alfredo Vicencio Hernández, de 71 años de edad, el ciclon “Hilda” en el año de 1955. En ese entonces tenía 10 años de edad y residía en la calle Carlos Andrade de la colonia Salas de esta ciudad.
Su casa era de madera y techo de lámina donde vivía con su mamá y tres hermanos. Ella laboraba en un restaurante de la localidad para sacarlo adelante a él y a sus hermanos pues su padre se separó de ellos y con sacrificio construyó la humilde vivienda.
A esa hora estaba descansando en compañía de sus hermanos y su mamá María de los Angeles Hernández, quien actualmente cuenta con 93 años de edad. “Ella sacó adelante a todos mis hermanos trabajando como mesera en un restaurante de la zona centro”.
Durante varios meses estuvieron refugiados en la casa de la vecina, mientras se construía una nueva casita de madera.
Lidia Pérez Castro, Testimonio Viviente del Ciclón Hilda 1955
Con sólo seis años de edad Lidia Pérez Castro vivió en carne propia la devastación del huracán “Hilda” cuyos vientos dejaron huellas profundas en su comunidad y en su memoria y que pese a la distancia en el tiempo son imposibles de borrar.
Vivía en la comunidad El Sendero, a cuarenta minutos de Tampico, entre los límites de Pueblo Viejo y Pánuco, en la zona huasteca del norte de Veracruz, donde las historias son tan dolorosas como las que se han contado de la cuenca baja del río.
Fue el 19 de septiembre de 1955, como lo sabemos bien todos los que vivimos en esta zona, cuando la región fue azotada por constantes lluvias llegando a estar los ríos y las lagunas a tope.
No había sitios de refugio y menos planes de contingencia, ya que el gobierno de Veracruz mantenía esa región alejada de apoyo y más en contingencias como ésta.
“Al otro día el río traía mucha corriente con personas y animales tanto muertos como vivos”, mencionó Lidia Pérez quien aseguró que “muchas personas de esa zona desaparecieron” y jamás se supo nada de ellos.
Pasado el huracán llegó el problema del alimento, la escasez era grande y las familias numerosas, situación que se agravaba cuando la ayuda del rebasado gobierno de la República no llegaba.
“Mi madre incluso cocinaba los animales que habían muerto por el huracán”.
Más de un mes duraron las aguas en volver a su cauce y mientras que la crisis de alimentación era cada vez mayor llegaron los “ángeles gringos” que eran la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que habían llegado para ayudar.
Quedamos Unicamente con lo Puesto: Alicia Espinosa Carrasco
Recordó con tristeza que no recibió ayuda del municipio y de nadie y nada les quedó, pues lo único que pudo recuperar fue un ropero de cedro que estaba flotando y una gallina que sobre el mueble había sobrevivido.


























