#Especial Maestros rurales con profundo compromiso de servicio
Jesús Eduardo Arteaga Torres, maestro rural desde hace 11 años recuerda sus inicios como docente rural en la sierra de Huayacocotla
Alfredo Márquez
Son los enviados a esas zonas a donde nadie quiere ir y de donde el objetivo de la mayoría de los docentes es salir, pero que sin duda los ha formado como apóstoles de la educación e inspiración de decenas de generaciones.
ENTRE DIALECTOS E ISLAS
Los maestros han sido uno de los principales luchadores contra el animal más vil y cruel que ahonda la pobreza y reprime la superación; el peor de los vicios, el más grande de los males: ¡La ignorancia!.
Dijo que en este último lugar atendía a estudiantes que hablaban en tres dialectos diferentes por pertenecer a etnias distintas, fue en este lugar en donde tuvo que viajar de “aventón”, en camionetas, camiones cargados con costales de maíz, otros con pollos.
Posteriormente fue cambiado al municipio El Higo, en la comunidad Cruz de Palma que pertenece a Tempoal, donde estuvo unos 5 años y después a la Isla de Juan A. Ramírez, y posteriormente en la isla de Cabo Rojo en Tampico Alto.
Ningún maestro está preparado para ser un educador rural
Posteriormente llegó a la escuela telesecundaria “Ignacio Manuel Altamirano” del ejido “El Barco” en Pueblo Viejo en donde ha trabajado los últimos seis años con el apoyo de padres de familia y ha logrado equipar a la escuela con tecnología.
Para el maestro rural su motivación es una herramienta, la más grande y poderosa que cualquier recurso tangible misma que entrega a su profesión.
Los maestros rurales conviven con los más desprotegidos, comen en su mesa, comparten su pobreza y la tristeza de vivir en condiciones no aptas para ningún ser humano.






























