elsoldetlaxcala
Análisislunes, 20 de abril de 2026

El “derecho” a… ¡violentar!

Pues ¡qué coraje!, lector, lectora queridos. Si ella tiene la responsabilidad plena del encargo, también debe gozar los derechos plenos correspondientes.

Se negó el senador reiteradamente a cumplir la sentencia hasta que se le informó que se le daría de alta en el registro de violentadores (lo que le hubiese impedido reelegirse).

Volviendo al tema de Grecia Quiroz, en la consagración de la insensatez, el tribunal local evitó ir al fondo del asunto al resistirse a admitir que el contexto, la asimetría y el tono son los que dotan de sentido y de violencia a esas palabras.

Ahí, la libertad de expresión fue ignorada; aquí, se convierte en escudo para el poder masculino.

El problema no es la norma, sino la inconsistencia y el uso político del derecho.

¡Ojo! No se trata de censurar el debate ni de blindar a las mujeres de la crítica política, sino de entender que la violencia de género se manifiesta en el lenguaje, en la burla, en la palabra que inferioriza y margina.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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