Los contingentes avanzaron por calles principales para unirse al grito de mayor seguridad y exigir justicia para víctimas de abusos; hubo ligeros daños al Palacio Legislativo y de Gobernación
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Ellas nacieron en la década de los 90, y la primera década de los 2000. Ellas llegaron al mundo cuando el internet ya no se conectaba a través de la línea telefónica, no saben lo que es la sección amarilla y no tienen idea, entre muchas otras cosas, que antes el pasillo de la iglesia y un vestido de novia eran el único vehículo para salir de tu casa, a veces enamorada, ilusionada y a veces simplemente para huir. Para algunas el camino fue bueno, para otras, la cadena de terciopelo o de acero que coartaban su propio camino, su plenitud profesional, sus decisiones personalísimas sobre su propia existencia.
Ellas no saben que antes una mujer que viajaba con su pareja era considerada impura y que quien vivía un embarazo siendo soltera, no tenía opciones más que convertirse en paria y motivo de deshonra no solo de su familia nuclear sino de la ampliada, de su comunidad escolar y de su vecindario. Había que renunciar a ser joven, a crecer, a estudiar, a prosperar y a ser mujer. Te convertías en madre inmadura y muchas veces, sola con la responsabilidad económica, emocional y moral. Criabas a un bebé sin haber terminado tu propia crianza y teniendo que olvidarte de tus propias necesidades y sueños.
Las niñas de antes, hoy jóvenes en plenitud, crecieron preguntándose qué querían ser en la vida, se imaginaron desde sus primeros años siendo ingenieras, políticas, empresarias, influencers, desarrolladoras de tecnología… las opciones eran siempre infinitas. No saben ellas, adultas ahora, que en los tiempos de las décadas anteriores el destino para quienes nacían niñas lo marcaban las cocinitas y juegos de té y muñecas que como premonición y preparación para tu vida adulta como ama de casa y madre, te regalaban en tus cumpleaños y en navidades. Estereotipos, que les decimos.
No saben las adultas jóvenes que los padres decidían muchas veces no solo si tendrías la oportunidad de estudiar, sino qué y en dónde, porque se entendía que ellos sabían mejor que tú lo que “te convenía”. A veces también, a la joven que por motivación propia deseaba entrar al mercado laboral se le veía como provocadora de una afrenta a la capacidad del “pater familias” de mantener y proveer para su familia lo suficiente para que las mujeres “no tuvieran” que trabajar; o, en algunos casos, como la vía para que la joven se expusiera a una vida licenciosa o libertina.
El valor de las mujeres durante muchos siglos se fundamentó en el cuidado de la exposición de su cuerpo o -dios no quisiera- en su decisión de tener una vida sexual activa fuera de los cánones de su exclusiva utilidad en la reproducción. Mujer que vivía su sexualidad libre y plenamente equivalía a una “mala mujer”. Las “buenas mujeres” guardaban su castidad para su futuro esposo y dedicaban hasta sus nombres a la crianza de sus hijos y la estabilidad de un matrimonio en el que en la cultura machista ellas eran las “catedrales” pero el marido podía visitar siempre “capillas”. La sociedad lo aceptaba, lo normalizaba, lo asumía, mientras el dolor de la deslealtad era cargado por un solo lado, el femenino. Para la misma conducta, en ellos, “conquistadores” en ellas, “zorras”.
Las niñas de antes, mujeres de ahora, se educan, se informan, se valoran y se procuran. Siguen modelos culturales como Shakira con “las mujeres facturan” y se dedican a explotar con alegría sus capacidades y a hacer realidad sus sueños. Viajan, cambian de trabajo, socializan, bailan y se ríen a carcajadas porque siempre será más saludable reír con fuerza que ajustar el volumen de tu risa para no estar en el lado de las maleducadas.
Sin embargo, muchas niñas de antes, mujeres de hoy, aunque avanzaron, siguen sufriendo la tortura de la objetivización de sus seres y sus cuerpos, siguen limitadas, viviendo la anti-cultura machista que les impide ser parte de esas pares suyas generacionales que están sacando todo el jugo a la vida.
Por ellas marchamos el 08 de marzo, por ellas y por las niñas de hoy, mujeres del mañana, las hoy abuelas, madres y mujeres libres de todas las edades marchamos. Marchamos porque queremos que las niñas sean aún más felices, sanas, respetadas y criadas con amor, cariño y responsabilidad para florecer en las mujeres que llevan y llevarán en los hombros y el corazón el futuro de México. Por Ale, por Andy, por Jo, por Aura, por ellas, con ellas, con todas. Libres y felices. Marchamos.