Los avatares de nuestro tiempo / El orden internacional en recomposición
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEl orden internacional se entiende como el patrón de actividades que sustentan el comportamiento de la comunidad de los Estados. Las interacciones entre los Estados: cooperación o conflicto. Sin embargo, la historia demuestra que el orden es un equilibrio frágil y que, dado que requiere de la preponderancia de al menos un Estado nacional, la hegemonía pasa de uno a otro. Por tanto, estos equilibrios están sujetos al respeto de entornos institucionales formales y reglas no escritas. De ahí la complejidad y dificultad para contar con orden internacional de largo plazo.
La teoría de las relaciones internacionales reconoce que el sistema de Estados primarios es el sistema ideal, en el que existe reconocimiento de la soberanía de las unidades. Se trata de una sociedad de Estados se conforma a partir de la consideración de unión de intereses y definición de ciertas reglas. Es decir, un entorno en el que la totalidad –o al menos la mayoría– cooperan entre sí.
Sin embargo, el orden mundial es más complejo que el establecimiento de relaciones formales de cooperación. Se trata de patrones de actividades humanas que sustentan la actividad de las sociedades como humanidad, como un todo. Aunque las relaciones internacionales están mediadas –con mayor intensidad a partir de la segunda mitad del siglo XX– por organismos internacionales, órdenes supranacionales y mecanismos multilaterales, la individualidad de los Estados muchas veces deviene en conflicto o crisis.
En síntesis, eso es lo que ha ocurrido ahora con el ocaso del liderazgo global de Estados Unidos de Norteamérica y la competencia por parte de otros Estado y otras regiones. Todo responde a la taxonomía y la idea de una sociedad internacional en tres categorías: tradición hoobsiana (realista) la lucha de diferentes leviatanes; perspectiva kantiana (universalista, utópica) en la que los Estados buscan cooperar y evitar la guerra; la tradición internacionalista, en la que se concibe a la política internacional como esencial, en la que los Estados son soberanos, pero eso no implica el conflicto permanente. Han existido varias sociedades internacionales a lo largo de la historia, por ejemplo, la sociedad cristiana internacional. Estas categorías han tenido incidencia en la configuración del orden mundial y el sistema internacional. La Escuela inglesa busca ofrecer una nueva forma de entender la sociedad internacional que supere las confrontaciones entre la visión hoobsiana y la kantiana.
El punto esencial de la escuela inglesa es que existe un control de la acción individual de los Estados a partir de la preservación de las metas esenciales de la sociedad y el orden para mantener el sistema (existen los intereses suficientes y el Estado está consciente de que le conviene cumplir con esas normas), es la consciencia del Estado. Esta corriente de pensamiento y análisis de las relaciones internacionales es perfectamente normativa, cree en las normas y entiende a la política internacional en su confrontación con diferentes dilemas morales. Por tanto, es evidente la centralidad del derecho positivo internacional para mediar los conflictos entre actores del orden internacional.
Lo cierto es que el conflicto internacional es parte de las relaciones internacionales, lo que resulta indispensable es garantizar que los eventos de crisis y confrontación tengan menor frecuencia y además no escalen en sus dimensiones. Ahí, nuestra época es igual que muchas otras en función de que los conflictos se presentan con frecuencia y en dimensiones considerables, destacan la guerra entre Rusia y Ucrania; los ataques de Israel a Palestina; y el conflicto en Medio Oriente, por mencionar algunos de los más importantes. En suma, todo responde a la franca recomposición del orden internacional.