Pese a las jornadas de limpieza, persiste la acumulación de desechos domésticos en el tramo del río que atraviesa los municipios de Tlaxcala, Totolac y Panotla
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Este día, y de acuerdo con la tradición, se celebra una año más de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, congregando a más de trece millones de fieles, cantidad estimada por las autoridades de la Ciudad de México, aunque la llegada de la feligresía inicio algunos días previos y habrá de concluir de tres a cuatro días posteriores; de cualquier manera, queda de manifiesto la devoción y la fe de quienes van a solicitar un milagro y, también, de quienes ya lo recibieron. Entonces se puede decir que la visita al santuario es un acontecimiento que logra reunir a millones de personas provenientes de todo el país, así como del extranjero; según se dice, es el lugar sagrado más visitado, siguiéndole en corta distancia la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Solo para ilustrar brevemente la naturaleza de la conmemoración, a partir de considerar las apariciones de la siempre Virgen Santa María en 1531, en el cerro del Tepeyac, a Juan Diego, dejándole como testimonio su imagen en una tilma que habría de presentarle al obispo Juan de Zumárraga, además de la solicitud de construir en ese lugar una casita sagrada que, a la postre, sería el lugar más visitado por los creyentes católicos. Actualmente se considera a la Virgen de Guadalupe como la patrona de México y emperatriz de las Américas, unificando al país y representando la fe y la identidad nacional.
Sin duda, la movilización de las personas se hace evidente con las peregrinaciones, las que dan testimonio de la gran influencia que se tiene entre los que transitan desde lugares remotos para llegar al santuario de la Virgen. En otro sentido, quizá por un número mayor de quienes lo presencian, es decir, las carreteras de México, se han visto invadidas por diferentes caravanas que las transitan, poco importa el medio, desde los que van a pie o los que se mueven en bicicleta, automóviles, motocicletas, autobuses, camiones de redilas, tráileres, en fin, la intención es llegar a recibir las bendiciones e indulgencias que se alcanzan por tan solo estar cerca de la Virgen de Guadalupe, aunque solo fuera por muy breves instantes. En el retorno, ya se estarán observando las diferentes formas de transportar el fuego purificador a los diferentes lugares de origen.
Para aquellos cuyas posibilidades se los permitieron, le pudieron cantar las “mañanitas”; otros, haciendo las oraciones de gratitud por la salud y la vida, circunstancias que, tal vez, sea lo que mueve la conciencia y agranda la fe hacia la Virgen. Además, con mesurada certeza, habrá muchos que pedirán porque se acabe con la inseguridad, la violencia y todos aquellos delitos que lastiman al pueblo; otros tantos, por la demanda de un trabajo, que la economía mejore y que la sociedad en lo general logre la estabilidad y la tranquilidad en todos los aspectos.
Considerando la importancia de la festividad, en este doce de diciembre, cuando se llega a su punto máximo, en diferentes lugares de México, ante la imposibilidad de estar presentes en el santuario, de cualquier manera se podrá sentir la influencia espiritual que trasciende barreras y que, quizá, nadie podrá sustraerse, a la influencia espiritual que la subyace, por lo tanto, las celebraciones son inevitables.
Lamentablemente, siempre existen personas que se aprovechan de los creyentes, convirtiéndose en mercenarios de la fe, pues abusan de los peregrinos, vendiendo productos que, en muchas ocasiones, son indispensables para la estancia en los lugares de la celebración. En especial los que venden alimentos, elevando los precios de sus productos en hasta cuatro o cinco veces de su valor real, lo que, obviamente, es una evidencia de los atropellos en contra de las personas que, por la necesidad, tienen de alimentarse.
No puede dejar de mencionarse el caos vial que se generó en las diferentes carreteras, desde luego, en la misma Ciudad de México, pues el flujo de personas y vehículos propició que un viaje menor a un par de horas se hiciera hasta en el doble de tiempo, como ocurrió en la carretera de Apizaco a Calpulalpan, en este caso, también hubo intransigencia de peregrinos, pues no respetaron los espacios destinados para su transitar, impidiendo la libre circulación de otros conductores que tenían que llegara sus labores diarias, entre otras cosas; de igual manera, se les ocurrió la brillante idea de “arreglar” un tramo de la cinta asfáltica a la altura de Hueyotlipan, provocando un doble conflicto.
Ya en la estancia dentro de la CDMX y en la periferia de la Basílica, ocurrieron otro tipo de problemas; caos vial por calles cerradas y afectaciones en la movilidad; el desecho de grandes cantidades de basura, orgánica e inorgánica, generada, obviamente, por los guadalupanos visitantes; en el comercio, cobros excesivos en los estacionamientos y espacios donde, se supone, habría posibilidades de dejar un automóvil; el comercio informal, obstaculizando el tránsito de vehículos y personas; tampoco pudieron evitarse los accidentes ni el robo y asaltos, así como la incomodidad que viven las personas que radican en las inmediaciones; en fin, esta es, hasta que concluya, la parte incomoda de la celebración.
A pesar de tantas contingencias, donde las autoridades fueron rebasadas, el aumento de peregrinos, el caos provocado en lo general, esto debe considerarse como un pronóstico de lo que se seguirá ocurriendo en los años siguientes para que, ojalá, se tomen las medidas remediales correspondientes y se puedan resolver las anomalías ya mencionadas, mientras tanto, a pesar de todo, lo único que no va a cambiar serán las visitas a la “Villita” y la fe de los guadalupanos.