
Tulancingo, Hidalgo.- En el diario trajinar de un mundo acelerado, opacado en muchas ocasiones por la insensibilidad de la gente, surge una figura que refleja tranquilidad y hasta bondad por el noble oficio que realiza… nos referimos al tlachiquero. Esta figura es la que extrae el aguamiel del maguey para después fermentarlo y obtener la bebida conocida como pulque. La palabra “tlahchiqui” proviene del náhuatl y se refiere a raspar una cosa, en este caso el maguey. Durante la época prehispánica, el cultivo del maguey fue altamente valorado, debido a que de este se extraían hilos para la fabricación de telas. Igualmente se utilizaba para fabricar vasijas y otros objetos útiles para la vida cotidiana. En esta época el consumo del pulque fue exclusivo únicamente de los sacerdotes y gobernantes. Posteriormente, en el periodo virreinal la bebida cobró gran popularidad entre los indígenas, castas y algunos españoles. Para entonces existían un gran número de estos personajes en los alrededores y dentro de la ciudad. Para la segunda mitad del siglo 20, la producción de la bebida decayó a la par de la demanda, un proceso que ha continuado hasta la actualidad. Los tlachiqueros son cada vez menos. En Singuilucan, Acatlán, Cuautepec y área rural de Tulancingo es común observar a estos campesinos, ya sea en sus burritos o bicis, como don Pedro Yáñez (imagen), considerado el número uno de Metepec en esta labor.