Tulancingo y sus mil sonidos
La ciudad despierta con el ruido de los autos y al pasar de las horas lo que se escucha cambia: el trinar de los pájaros, el ajetreo escolar, la invitación a comprar en los mercados o el tradicional ¡Central, Seguro, Cañada!
Karen Aicitel Lira / El Sol de Tulancingo
Sonidos diarios en los pasillos del mercado, es el “¡pásele, pásele, güerita!”, “¡llévelo, está fresco!”, la energía de los locatarios para que escojas su lugar y surtir tu despensa.
En el centro, las campanas de la Catedral y del templo de Los Angelitos suenan anunciando la hora pero también marcando presencia.
Sobre la Ciclopista se oyen los ruidos de las llantas de las bicicletas pasando, los pasos acompasados de quienes corren, y conversaciones que se cruzan entre jadeos
hoy sí me está costando más que ayer”, “vamos a llegar hasta el puente y regresamos
Muy cerca, en las bancas frente al Centro Cultural Ricardo Garibay, las personas reposan, se relajan. Conversaciones espontáneas que suenan:
quería pedir otra orden más, pero ya me llené, estaba muy rico, Aquí es muy tranquilo, Hay más baches que oportunidades
El danzón no sólo se baila, se escucha. Es un sonido alegre y nostálgico a la vez, los transeúntes se detienen unos minutos a ver y a oír.
También en el transporte público, se escuchan las conversaciones:





















