¡Ah, los músicos!
Quiero pensar que es un inconsciente rechazo cultural por una inpasible parte de la insensibilizada sociedad mexicana el maquinal e irreflexivo desprecio a un gremio al cual me siento muy orgulloso de pertenecer: los músicos y ejecutantes de México.
- “Ah, ¿son músicos? Ustedes entran por la cocina”
- “¡Dios mío! ¿Pero van a ser tantos en el escenario y dónde pongo mi sala?
- “La comida es para los invitados. Ustedes vienen a trabajar...”
- “¡Ah! Qué también hay que darles de tomar. ¿Qué no traen sus refrescos?”
- “¿Habitaciones triples están bien?”
- “¿Viáticos para qué?”
- “Muchachos, que nadie los vea. No entren a la casa hasta que no les toque. Esperen afuera en el jardín”
- “¿Camerino?”
- “¿México-Coahuila en camión está bien?”
- “Ta muy aburrida su música. ¡Toque pa’ bailar!”
- “¡Bájenle! No se puede platicar”
- “¿Para qué necesita equipo de sonido? Así solito con su piano está bien. Queremos platicar”
- “ Las bebidas son para los invitados. A ustedes no les puedo servir.”
- “Cántense otra, al fin ya les dimos su taco”
- “Ya la última. Échense un popurrí”
- “Cuánto me dejas la otra hora. Al fin ya están aquí”
- “Metan su coche, descargan y lo sacan. Por cierto no hay estacionamiento.”
- “Oiga pero no tenemos donde sentarnos
- “Hay un programa de televisión y no te van a cobrar.”
- “Mira, ve al evento del partido y te das a conocer.”
- “¿Y el cóver qué incluye?”
- “¿y aparte de la música a qué te dedicas, tienes alguna profesión?”
- “Ya terminamos señor, ¿nos paga? Sí, sólo que estoy ocupado. ¿Aguántame mañana, no?”
- “No muy fuerte. El bebé está dormido”
- “Señora, quite a los niños del escenario”
- “¿Cómo va el canto? ¿Cuándo harás algo en serio?”
- “Cualquiera canta...”
Vaya pues esta columna dedicada a los colegas que hacen nuestra vida mejor gracias a la firme convicción de haber elegido la música como motor indispensable de su vida.
¡Ni una línea más!